El origen del Clásico Nacional no puede reducirse a una sola tarde, pero existe una frase que ayudó a transformar América-Chivas en algo mucho más grande que otro partido de futbol.

Durante la temporada 1959-60, América pasó por Guadalajara y derrotó por idéntico 2-0 a Oro, Atlas y Chivas. El último triunfo tuvo un ingrediente especial: Guadalajara llegó invicto y salió derrotado.

Entonces apareció Fernando Marcos.

El día que Fernando Marcos provocó a toda Guadalajara

El entrenador americanista convirtió aquella secuencia en una de las burlas más recordadas del futbol mexicano. Dijo que cada vez que alguien quisiera llamar a Guadalajara debía marcar “20-20-20, cortesía del América”.

La frase tocó una rivalidad que ya tenía combustible. América y Chivas venían de enfrentamientos importantes en Copa y representaban dos identidades que comenzaban a chocar: la capital contra Guadalajara, el poder económico azulcrema frente al equipo que construía su grandeza exclusivamente con futbolistas mexicanos.

Chivas respondió donde más dolía: en la cancha

Tres meses después llegó la revancha en Ciudad Universitaria.

El 12 de noviembre, Guadalajara derrotó 2-1 al América y cobró aquella afrenta. El propio sitio oficial de las Águilas reconoce ese encuentro como el momento en que tomó forma definitivamente el “Clásico de Clásicos”.

La provocación sobrevivió mucho más que los resultados.

Décadas después, América y Chivas cambiaron generaciones, estadios y estrellas, pero aquella llamada telefónica imaginaria sigue apareciendo cada vez que se cuenta cómo nació la enemistad.

El Clásico ya existía; Fernando Marcos simplemente encontró la frase perfecta para prenderle fuego.