La temporada regular de Grandes Ligas llegó a su último fin de semana con casi todo resuelto, pero precisamente ese “casi” contiene suficiente dinamita para recordarnos por qué en el beisbol nada debe darse por terminado antes del último out. Al corte del viernes 25 de septiembre, diez de los doce lugares disponibles para la postemporada ya tenían dueño. Quedan solamente dos boletos por entregar, pero sobreviven tres batallas que pueden modificar el acomodo con el que comenzará octubre.

La más dramática está en el oeste de la Liga Americana. Houston y Texas llegaron al último fin de semana exactamente empatados, ambos con 79 victorias y 81 derrotas. Después de 160 juegos, seis meses de calendario y todo lo sucedido desde marzo, la división puede reducirse prácticamente a dos partidos. Y ahí existe un detalle fundamental: Houston posee el criterio de desempate sobre Texas. Es decir, los Rangers no pueden conformarse con terminar iguales. Necesitan superar a Astros en la clasificación final. Para Houston, en cambio, conservar la igualdad equivale a conservar la división. No podría encontrarse mejor ejemplo de la importancia que puede adquirir un solo juego después de una temporada de 162.

La central de la Americana también continúa abierta, aunque con una diferencia importante: Cleveland y White Sox ya están clasificados. Guardians llegó al viernes con un juego de ventaja, pero Chicago posee el desempate. El premio ya no es entrar o quedar fuera, sino ganar la división y modificar el lugar desde el que cada uno comenzará la postemporada. Cleveland tiene por tanto la ventaja en el terreno, pero no puede permitirse terminar igualado. Chicago necesita recuperar ese juego y sabe que, si lo consigue, el desempate hará el resto.

En la Nacional queda una sola puerta de entrada. Philadelphia llegó al último fin de semana con un juego de ventaja sobre Arizona en la pelea por el tercer comodín. Pero aquí vuelve a aparecer la peculiaridad de los desempates: Diamondbacks tiene la ventaja sobre Phillies si ambos terminan con el mismo récord. Por eso Philadelphia tampoco puede administrar tranquilamente ese juego de diferencia. Arizona todavía está vivo y sabe que alcanzar puede equivaler a rebasar.

Todo lo demás está mucho más claro. Milwaukee terminó convirtiéndose en el gran equipo de la temporada regular y ya aseguró el mejor sembrado de la Liga Nacional. Dodgers ganó el oeste y tendrá también descanso en la primera ronda. Atlanta conquistó el este, aunque deberá disputar la serie de comodines. En la Americana, Tampa Bay aseguró el este y el primer sembrado. Yankees será el primer comodín y Boston quedó fijado como segundo. De hecho, hay ya un enfrentamiento que sabemos con anticipación: Yankees y Red Sox volverán a encontrarse en octubre, esta vez en una serie al mejor de tres y con todos los juegos en Nueva York. Pocas rivalidades necesitan presentación y ésta menos que ninguna.

Padres y Cubs también están adentro en la Nacional, pero todavía puede moverse su acomodo definitivo. San Diego busca asegurar la ventaja de local para la primera ronda y Chicago permanece atento a cualquier combinación que pueda modificar las posiciones. De manera que el cuadro está prácticamente terminado, pero todavía no congelado.

Y quizá ahí esté lo más interesante de este último fin de semana. Después de aproximadamente seis meses, 160 juegos y decenas de miles de lanzamientos, hay equipos cuya temporada completa puede depender de lo que ocurra durante dieciocho entradas. Texas puede ser campeón divisional o comenzar vacaciones. Houston vive exactamente la misma disyuntiva. Philadelphia puede entrar a octubre o ceder el último lugar a Arizona. Cleveland puede ganar la central o convertirse en comodín. White Sox puede terminar segundo de su grupo y, sin embargo, apoderarse del campeonato divisional si consigue empatar el récord.

Eso es lo que dejan los sistemas actuales de clasificación y desempate, que además han eliminado aquellos juegos adicionales que durante muchos años servían para resolver igualdad entre contendientes. Ahora la matemática de la temporada regular decide quién avanza cuando dos clubes terminan con la misma marca. Nos podrá gustar más o menos —y ya hemos expresado nuestras reservas sobre un formato que tampoco termina de otorgar suficiente premio a todos los campeones divisionales—, pero éstas son las reglas con las que se jugará octubre.

Lo extraordinario es que, incluso dentro de un sistema cada vez más reglamentado, el beisbol sigue encontrando la manera de llevar el suspenso hasta el final. Porque no estamos hablando ya de proyecciones de agosto ni de posibilidades estadísticas de principios de septiembre. Estamos hablando de dos partidos. Dos. Eso separa a Houston y Texas de saber quién continúa. Dos juegos pueden decidir si Philadelphia conserva su ventaja o Arizona le roba el último boleto. Dos juegos determinarán también quién se queda con la central entre Cleveland y Chicago.

Y después empezará otro torneo. Lo que ocurrió durante 162 encuentros servirá para repartir lugares, ventajas de local y descansos. Pero cuando llegue el primer lanzamiento de la postemporada, Milwaukee no tendrá 101 victorias, Dodgers no tendrá 98 y Tampa Bay no tendrá 97. Todos comenzarán otra vez en cero.

Pero antes de llegar ahí falta todavía lo último: dos boletos, tres batallas y un fin de semana en el que, siendo beisbol, cualquier cosa puede ocurrir.

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