Ya no estamos frente a una proyección de lo que podría ocurrir dentro de algunas semanas. Octubre está encima. Al cierre del martes 22 de septiembre, con apenas cuatro o cinco juegos por disputar para la mayoría de los equipos, la temporada regular de Grandes Ligas entró prácticamente en su tramo terminal. Varios boletos están entregados, algunos campeones divisionales ya pueden empezar a ordenar sus rotaciones y otros aspirantes todavía tienen que gastar sus últimas fuerzas simplemente para poder llegar. Ésta es, por tanto, una fotografía casi definitiva: no la del equipo que fue mejor durante mayo o junio, sino la de cómo está llegando cada contendiente cuando ya se alcanza a escuchar el ruido de octubre.
En la Liga Nacional, Milwaukee sigue marcando la pauta con 99-59 y cuatro juegos por disputar. Los Brewers ya tienen asegurada la Central y llegan como el conjunto más consistente de toda la temporada. Jackson Chourio, Christian Yelich, William Contreras y Brice Turang sostienen una ofensiva profunda, mientras Jacob Misiorowski representa ese brazo capaz de dominar una serie corta. Milwaukee no necesita demostrar ya que puede ganar durante seis meses; necesita demostrar que puede hacerlo cuando una derrota empieza a costar una temporada. Dodgers, con 97-60 y cinco juegos pendientes, conserva quizá la mayor concentración de talento de toda la liga: Shohei Ohtani, Mookie Betts, Freddie Freeman, Yoshinobu Yamamoto y ahora Tarik Skubal forman un núcleo que intimida por sí solo. Los Ángeles tiene experiencia, poder y pitcheo suficiente para llegar hasta el final, aunque deberá hacerlo administrando lesiones, cargas de trabajo y la presión natural de un equipo construido para ganar la Serie Mundial. Atlanta, con 93-65 y cuatro juegos por jugar, completa ese primer escalón. Ronald Acuña Jr., Matt Olson, Austin Riley, Ozzie Albies y Chris Sale le dan a Braves una mezcla de poder, velocidad, experiencia y pitcheo que obliga a considerarlo seriamente. Si hoy hubiera que señalar a los tres grandes referentes de la Nacional, siguen siendo Milwaukee, Dodgers y Atlanta.
Detrás aparece una segunda línea que puede convertirse en auténtica dinamita. Chicago Cubs, con 87-71 y cuatro juegos por disputar, tiene a Pete Crow-Armstrong, Seiya Suzuki, Alex Bregman, Michael Busch y, para nosotros, al mexicano Javier Assad, nuevamente activo y capaz de trabajar como abridor o relevista largo, una versatilidad que puede resultar especialmente útil en octubre. Philadelphia, también con 87-71 y cuatro pendientes, dispone de Bryce Harper, Trea Turner, Kyle Schwarber y una rotación construida para series cortas, aunque llega con la preocupación de Jesús Luzardo en lista de lesionados. San Diego, con 87-70 y cinco por jugar, quizá sea el más caliente de este grupo: Fernando Tatis Jr., Manny Machado, Jackson Merrill y Xander Bogaerts forman un núcleo ofensivo de enorme impacto, mientras la aparición de Ethan Salas ha añadido juventud y energía a un equipo que además juega con una afición cada vez más pesada en Petco Park. Arizona, con 83-74 y cinco juegos pendientes, todavía respira y lo hace con Ketel Marte y Corbin Carroll como motores principales. Está obligado prácticamente a no fallar y a esperar ayuda, pero mientras siga vivo matemáticamente nadie puede sacarlo completamente de la conversación.
La Nacional parece, pues, bastante ordenada en cuanto a jerarquías, pero no necesariamente en cuanto a resultados. Milwaukee, Dodgers y Atlanta llegan como los grandes; Cubs, Phillies y Padres tienen exactamente el perfil de los equipos capaces de destrozar una predicción en una serie de tres o cinco juegos. Además, los comodines llegarán acostumbrados a jugar bajo presión, mientras los mejores sembrados podrán descansar, ordenar brazos y comenzar directamente en la Serie Divisional. Ninguna de las dos condiciones garantiza nada. Descansar ayuda a un cuerpo de pitcheo cansado, pero llegar embalado también pesa. Y octubre tiene una vieja costumbre: borrar en tres noches muchas de las diferencias construidas durante seis meses.
En la Liga Americana, Tampa Bay llega con 96-62 y cuatro encuentros todavía por disputar, convertido ya en campeón del Este y en el conjunto más estable del circuito. Junior Caminero aporta poder, Yandy Díaz experiencia ofensiva y el mexicano Jonathan Aranda ha dejado definitivamente de ser una promesa para convertirse en una pieza importante del orden al bat. Rays vuelve a demostrar que no necesita la nómina más cara para construir un contendiente serio y que su fortaleza radica justamente en la profundidad, la flexibilidad y una manera de administrar los partidos que suele complicar muchísimo a sus rivales. Tampa llega a octubre con menos reflectores que otras franquicias, pero probablemente con menos agujeros visibles.
Yankees, con 91-67 y cuatro juegos pendientes, ya está adentro, pero llega con una preocupación gigantesca: Aaron Judge fue colocado en lista de lesionados por una distensión en la pantorrilla derecha. Nueva York conserva muchísimo talento con Cody Bellinger, Paul Goldschmidt, Gerrit Cole y Carlos Rodón, pero su techo cambia radicalmente dependiendo de cuándo y en qué condiciones pueda volver Judge. Una cosa es sobrevivir partidos de temporada regular sin él y otra muy distinta disputar una serie corta sin el bateador capaz de alterar un juego con un solo swing. Yankees tiene suficiente profundidad para competir con cualquiera, pero también llega con más interrogantes físicos de los que quisiera a estas alturas.
Boston, con 85-73 y cuatro por jugar, permanece bien colocado y puede ser uno de esos conjuntos que llegan sin cargar con la etiqueta principal pero con suficiente talento para convertirse en un problema enorme. Roman Anthony, Trevor Story, Willson Contreras y Adley Rutschman acompañan a Jarren Durán, uno de nuestros paisanos, en una ofensiva capaz de fabricar carreras de distintas maneras. Boston quizá no tenga la estabilidad de Tampa ni el poder potencial de Yankees si Judge regresa, pero puede entrar a octubre con ritmo competitivo y sin demasiado que perder. Y si el cuadro termina colocando a Red Sox frente a Yankees desde comodines, las cifras de seis meses quedarán inmediatamente reducidas a una rivalidad histórica jugada en apenas tres noches.
La gran pelea de la Americana permanece en la Central. Cleveland, con 82-76 y cuatro juegos pendientes, aventaja apenas por uno a White Sox, que marcha 81-77 y también tiene cuatro por jugar. José Ramírez y Steven Kwan siguen siendo los referentes de Guardians, acompañados por Gavin Williams y una estructura que sabe competir en encuentros cerrados. White Sox, por su parte, ha construido una temporada inesperadamente sólida alrededor de Munetaka Murakami, Miguel Vargas, Kyle Teel y Colson Montgomery. Aquí no hay espacio para administrar demasiado: Cleveland y Chicago todavía están jugando para saber quién podrá seguir jugando la semana siguiente. Ese desgaste puede costar, pero también puede producir algo muy valioso: llegar a octubre ya acostumbrado a sentir que cada lanzamiento tiene consecuencias.
Y luego está el Oeste, quizá la situación más extraña de todas. Houston, con 78-79 y cinco partidos pendientes, todavía tiene una ligera ventaja sobre Texas, que está 78-80 y con cuatro por disputar. Es perfectamente posible que el campeón divisional termine apenas alrededor de .500. Astros conserva nombres de enorme peso: José Altuve, Yordan Álvarez, Jeremy Peña, Josh Hader y el mexicano Isaac Paredes, instalado además entre los bates importantes de la alineación. Texas responde con Corey Seager, Wyatt Langford, Josh Jung y Brandon Nimmo. Ninguno llega comportándose como gigante, pero eso dejará de importar en cuanto alguno asegure el boleto. El campeón del Oeste no empezará octubre con carreras en contra por haber sufrido durante seis meses. Entrará igual que todos: cero a cero.
También habrá ausencias mexicanas que llaman la atención. Toronto prácticamente quedó fuera pese a contar con Alejandro Kirk, Brandon Valenzuela y el recién llegado José “Tibu” Rodríguez; Seattle tampoco logró sostenerse, dejando fuera a Andrés Muñoz y Randy Arozarena. Pero la presencia azteca en octubre puede ser relevante: Jonathan Aranda con Tampa, Javier Assad con Cubs, Jarren Durán con Boston e Isaac Paredes si Houston consigue sobrevivir. No son nombres colocados únicamente para completar un roster. Aranda y Durán tienen peso ofensivo, Paredes aparece en el corazón del lineup de Astros y Assad puede convertirse en una pieza muy útil por su flexibilidad desde el montículo.
Ésa es la fotografía casi final. En la Nacional, Milwaukee, Dodgers y Atlanta llegan como los tres grandes referentes, mientras Cubs, Philadelphia y San Diego esperan demostrar que una serie corta puede derribar cualquier jerarquía. En la Americana, Tampa parece el equipo más estable, Yankees conserva un techo enorme si recupera a Judge, Boston permanece al acecho y detrás Cleveland, White Sox, Houston y Texas todavía están resolviendo quién tendrá derecho siquiera a continuar.
Quedan cuatro o cinco juegos para casi todos. Ya no hay tiempo para corregir dentro de quince días. Una lesión puede cambiar una rotación, dos derrotas pueden modificar una siembra y una mala serie puede mandar a casa a quien pasó cinco meses dentro de la zona de clasificación. Algunos ya pueden comenzar a guardar brazos. Otros todavía tienen que gastarlos para sobrevivir.
Y después vendrá octubre.
Milwaukee podrá olvidar sus 99 victorias. Dodgers sus 97. Tampa sus 96. Yankees sus problemas físicos. Padres su gran cierre. Houston o Texas la mediocridad de su récord.
Porque cuando caiga el último out de la temporada regular, todos esos números servirán para ordenar el cuadro.
Pero ninguno servirá para ganar el primer juego de los playoffs.
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