Imaginación, eso es lo que falta para sacar al futbol mexicano del pantano en el que se encuentra, uno de vileza, cerrazón y mediocridad, ya en nada suma y en todo resta al desarrollo del deporte más popular del país.
Con organizar un torneo de “promoción”, así le llaman en España, donde participen los tres primeros de la división de plata y los tres últimos de la primera división (por ejemplo), habiendo un sitio (ó hasta eventualmente, dos) para el ascenso y otro para el descenso, donde bien pudiera salvarse quizás el último de la primera (si resulta campeón de ese supuesto hexagonal) y/o también no llegar a ascender el primer lugar de la segunda división (hoy llamada Liga de expansión); esto en el caso de no obtener el mínimo resultado anteriormente pactado y plasmado en el reglamento.
Otro elemento novedoso sería el restablecer el torneo de copa doméstico, y dejar un poco de lado las estériles (deportivamente hablando) copas que se juegan con clubes de la MLS (Estados Unidos), que todos los países potencias en el futbol mundial tienen, de menos, un torneo de copa doméstico, e cual bien pudiera estar ligado al la Liga Mx.
Por ejemplo, que si un club de primera con riesgo de descenso, en caso de hacerse con ese título, salvar en automático la categoría, lo mismo si lo ganase algún equipo de la segunda categoría, si ganan una de esas copas, obtener en automático un boleto al hipotético torneo de promoción, celebrado el final de cada año futbolístico, evitando así la nula permeabilidad por méritos deportivos que es la porquería que tenemos hoy, que sólo incentiva no sólo la mediocridad, sino cada vez más, un menor interés por clubes que en otros años tendrían problemas de descenso. Se ha matado pues, no sólo a la segunda y tercera ligas en México, sino también el futbol de más de una treintena de ciudades, en los que ya se empiezan a ver estadios vacíos, magra inversión, bajísimos ratings y un paulatino desinterés de parte de algunos patrocinadores.
Es decir, que en un mediano plazo, los mismos dueños de los equipos de la primera división, se estarían pegando un disparo en el pie, al anular esa parte tan apasionante y promotora de la competitividad y el interés de la afición que da el descenso y el ascenso; con un torneo de promoción o un esquema parecido, no sólo se desincentivaría el interés del aficionado, los ratings televisivos y los grandes patrocinios, sino que al contrario, habría un interés no solo similar al de las temporadas en las que el ascenso y descenso existían, sino que el interés de la afición, y por ende el negocio, subirían de manera considerable, esto sin dejar de mencionar el que no se estanque en México la infraestructura futbolística a lo largo y ancho del país.
















