Hay equipos que llegan a octubre con el mejor récord, otros con la nómina más cara y algunos simplemente con el tipo de combinación que nadie quiere enfrentar en una serie corta. Philadelphia pertenece cada vez más a esa última categoría. No necesariamente domina la conversación como Milwaukee o Dodgers, pero tiene algo que en postemporada vale muchísimo: bateadores acostumbrados a escenarios grandes, abridores capaces de imponer el tono de una serie y una personalidad competitiva que suele crecer cuando el calendario se comprime.

Bryce Harper sigue siendo el rostro más evidente, Kyle Schwarber conserva ese poder capaz de cambiar un juego con un solo swing, Trea Turner agrega contacto, velocidad y experiencia, Alec Bohm puede producir en medio del orden, J.T. Realmuto ofrece estabilidad detrás del plato y Bryson Stott aporta profundidad. No es una ofensiva que dependa de un solo hombre, y eso importa porque en octubre basta con que uno de ellos entre en racha para alterar una serie completa.

Pero el verdadero motivo por el que Phillies empieza a preocupar está en la lomita. Zack Wheeler viene lanzando como un as: siete entradas en blanco frente a Washington, apenas cuatro hits permitidos y una efectividad de 1.04 en sus últimas cuatro aperturas. Aaron Nola acaba de responder con otras siete entradas sin carrera ante Mets y redujo su efectividad a 2.10 en sus últimas diez salidas. Cuando un equipo puede entregar la pelota a dos abridores así en una serie corta, cambia completamente la ecuación. La mala noticia es Jesús Luzardo, fuera por una lesión en el hombro justo cuando venía llegando muy fuerte al cierre. Eso obliga a Philadelphia a recalcular, pero también permite medir su profundidad. La organización acaba de reclamar a José Urquidy, con experiencia de postemporada y campeonato de Serie Mundial con Houston, buscando otra alternativa en un cuerpo de lanzadores que ha tenido momentos de vulnerabilidad. No es una solución mágica, pero sí muestra que el club identifica dónde puede sufrir y trata de corregir antes de octubre.

Phillies no es un equipo sin agujeros. Su bullpen ha sido irregular, ha desperdiciado ventajas y no siempre ha respondido como debería un contendiente serio, pero Jhoan Duran ofrece una salida clara para la novena y José Alvarado puede aportar poder desde el lado izquierdo. Si Wheeler y Nola consiguen entregar seis o siete entradas, el problema del relevo se reduce considerablemente. Y eso es justamente lo que están haciendo ahora. Philadelphia además ha demostrado que puede ganar de distintas maneras. Hace unos días remontó con siete carreras en la octava para vencer a Atlanta, con Bohm, Stott, Realmuto, Schwarber y Turner produciendo dentro del mismo rally; después ganó 3-0 con Wheeler dominando y volvió a blanquear con Nola. Puede ganar a batazos o desde la lomita. En octubre, esa versatilidad vale mucho más que una sola estadística brillante.

La posición actual tampoco engaña. Phillies pelea por uno de los mejores comodines de la Nacional y eso significa que probablemente tendrá que atravesar una primera serie peligrosa, pero también puede llegar con ritmo competitivo mientras otros descansan. No siempre el descanso es una bendición absoluta; a veces un equipo que entra caliente desde comodines termina siendo mucho más peligroso que uno que llega con mejor siembra. Y ahí está la pregunta importante: ¿hasta dónde puede llegar Philadelphia? Bastante lejos. No lo pondría por encima de Milwaukee o Dodgers como favorito principal de la Nacional, ni diría que está claramente por encima de Atlanta, pero sí creo que es uno de los equipos capaces de eliminar a cualquiera si Wheeler y Nola llegan como están lanzando ahora y si Harper, Schwarber o Turner encuentran ritmo ofensivo. En una serie de cinco juegos, dos grandes abridores y tres bateadores capaces de cambiar un partido pueden ser suficientes para destruir cualquier pronóstico.

Eso es justamente lo que convierte a Phillies en un rival incómodo. No necesita dominar todos los aspectos del juego; necesita que sus mejores piezas funcionen durante una semana. Wheeler puede ganar una noche. Nola puede controlar la siguiente. Schwarber puede decidir otra con un swing. Harper puede convertir un turno en un momento. Turner puede fabricar una carrera con velocidad y contacto. Y si Duran logra cerrar lo que ellos construyen, Philadelphia puede convertirse rápidamente en un equipo mucho más peligroso de lo que su posición de comodín podría sugerir. La ausencia de Luzardo pesa, por supuesto, y sería absurdo minimizarla, pero también obliga a medir la profundidad real del club. Si consigue sobrevivir sin él y mantiene este nivel de pitcheo abridor, llegará a octubre con suficientes armas para incomodar a cualquiera.

Milwaukee tiene consistencia. Dodgers tiene monstruos. Atlanta tiene experiencia. Pero Philadelphia tiene algo que en octubre puede valer tanto como cualquiera de esas cosas: dos abridores lanzando como ases y una ofensiva que sabe convertir un solo error en una noche perdida para el rival.

Por eso quizá no sea el equipo con más reflectores.

Pero puede ser precisamente el que nadie quiera encontrar enfrente.

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