Shohei Ohtani no está bien físicamente y Dodgers ya no puede fingir que se trata solamente de una mala racha. Dave Roberts lo ha dicho con suficiente claridad: no está al cien por ciento. Tiene molestias en el bíceps derecho, también ha cargado con problemas en la rodilla izquierda y su regreso a la lomita, que alguna vez parecía parte natural del plan para septiembre, vuelve a estar en duda. Mientras tanto, el bate también ha resentido la situación: venía de una secuencia de 2 hits en 23 turnos con 11 ponches en seis juegos y, tras una noche de cuatro ponches frente a St. Louis en la que incluso hizo gestos de dolor con el brazo derecho, Dodgers decidió sacarlo del lineup. No es cualquier jugador atravesando un slump; es el activo más valioso de la organización llegando físicamente comprometido al mes en que empieza la verdadera preparación para octubre.

Y ahí aparece una pregunta que Dodgers tendrá que responder pronto: ¿hasta dónde vale la pena insistir con Ohtani pitcher si eso puede comprometer al Ohtani bateador que necesitan todos los días? La tentación es enorme. Antes de detenerse como lanzador había tenido una campaña extraordinaria: 8-2, efectividad de 1.79 en 14 aperturas y números suficientes para entrar incluso en conversaciones de Cy Young. Tener a un pitcher de ese nivel disponible en octubre transformaría cualquier rotación. Pero Ohtani no ha lanzado desde el 3 de julio y ahora el propio cuerpo parece estar poniendo límites. Roberts ya reconoció que no está al cien por ciento cuando lanza y que su aportación ofensiva es demasiado importante como para ponerla irresponsablemente en riesgo.

Ésa es justamente la singularidad y también el problema de Ohtani. Con cualquier otro pelotero, una molestia en el brazo de lanzar puede administrarse protegiendo su carga en la lomita. Con él, el brazo forma parte del mismo cuerpo que tiene que presentarse cada noche a batear, correr las bases y asumir cientos de swings durante una temporada. No existen dos Ohtani. No hay uno guardado para abrir un juego y otro disponible para ocupar el primer lugar del orden. Cada decisión sobre el pitcher afecta necesariamente al bateador, y cada intento por proteger al bateador condiciona la posibilidad de tener al pitcher.

Eso obliga a Dodgers a pensar menos en lo espectacular y más en lo indispensable. Sería fascinante imaginar a Ohtani abriendo un juego de postemporada, dominando cinco innings y después permaneciendo en el lineup. Es quizá la mayor ventaja táctica que puede ofrecer un solo pelotero en todo el beisbol. Pero si perseguir esa posibilidad provoca que llegue disminuido al plato o que una molestia menor termine convirtiéndose en una lesión seria, el costo sería absurdo. En octubre no gana quien dispone del plan más atractivo en papel; gana quien consigue tener sanos y disponibles a sus mejores jugadores.

Dodgers ya posee suficientes interrogantes sin fabricar otra. La rotación ha tenido que absorber lesiones y ajustes durante el año, el bullpen ha atravesado momentos de inconsistencia y el equipo ha mostrado nuevamente que, a pesar de su enorme nómina, puede sufrir cuando los juegos se aprietan. Acaba de evitar una barrida frente a Cardinals con un doble de Teoscar Hernández en la novena entrada, en un partido en el que Ohtani ni siquiera estuvo disponible como bateador. El triunfo sirvió para respirar; su ausencia recordó al mismo tiempo hasta qué punto depende Los Ángeles de tenerlo saludable.

Y es importante no exagerar el diagnóstico. Dodgers no ha planteado seriamente colocarlo en la lista de lesionados y, por ahora, Ohtani está considerado día a día. Eso significa que no estamos hablando necesariamente de una lesión grave. Pero precisamente porque todavía puede administrarse, éste es el momento para hacerlo con inteligencia. Los campeonatos también se pierden cuando una organización intenta ganar demasiado pronto. No tiene sentido exigir en septiembre lo que quizá necesites desesperadamente en octubre.

La otra cuestión es el propio Ohtani. Los grandes competidores casi siempre quieren jugar. El atleta excepcional suele ser el último en admitir que necesita descanso y muchas veces se convence de que puede atravesar el dolor. Ahí entra la responsabilidad de la organización. El jugador piensa en el turno de esta noche; el club tiene que pensar en las próximas seis semanas. Roberts y la oficina de Dodgers deberán ser capaces de decirle que no incluso cuando él diga que sí.

También existe la posibilidad de que el camino correcto sea aceptar una versión limitada de Ohtani como pitcher. Tal vez no necesita regresar como abridor convencional. Podría utilizarse eventualmente en salidas cortas, como parte de un esquema compartido o incluso reservarse solamente para una situación muy específica si su recuperación lo permite. Lo que no debería ocurrir es convertir su regreso a la lomita en una obligación derivada de todo lo que representa. La temporada ya demostró que puede dominar lanzando. No tiene nada que probar en septiembre.

Lo que Dodgers necesita ahora es al Ohtani que pueda ayudarle a ganar la Serie Mundial.

Y si eso significa renunciar temporalmente al espectáculo extraordinario de verlo hacer las dos cosas, quizá ése sea el precio más inteligente que pueda pagar.

Porque la pregunta ya no es cuánto puede hacer Shohei Ohtani.

Sabemos que puede hacer casi todo.

La pregunta es cuánto conviene pedirle cuando octubre está a unas semanas de distancia.

Dodgers puede intentar recuperar al pitcher y arriesgar al bateador. Puede proteger al bateador y postergar el regreso del pitcher. O puede encontrar un punto intermedio y administrar cuidadosamente ambas versiones.

Pero tiene que elegir.

El peor riesgo sería pretender conservarlas todas y terminar perdiendo justo la que más necesita.

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