Hace apenas unos días hablábamos de Aldo Gaxiola, de los jóvenes mexicanos que todavía buscan abrirse camino dentro del sistema de desarrollo de Grandes Ligas y de todo lo que México podría hacer mejor para detectarlos, formarlos e impulsarlos. Ahora aparece el otro extremo de esa historia: Jared Serna ya llegó. El infielder nacido en Guaymas, Sonora, fue llamado por Miami y debutó en Grandes Ligas frente a Kansas City; después consiguió su primer imparable, su primera carrera producida, su primera anotada y su primera base por bolas. Pero lo más interesante de su llegada no es solamente agregar otro nombre mexicano al padrón de MLB. Es la posición que juega y la dificultad histórica que eso implica para quienes vienen de nuestro país.

México ha producido durante décadas una extraordinaria cantidad de pitchers. Fernando Valenzuela, Teodoro Higuera, Esteban Loaiza, Ismael Valdez, Yovani Gallardo, Jorge de la Rosa, Oliver Pérez, Joakim Soria, Roberto Osuna, Julio Urías, Sergio Romo, Aurelio López, Vicente Romo y muchos más encontraron desde la lomita una ruta hacia las Grandes Ligas y varios consiguieron dejar una huella enorme. El brazo mexicano ha tenido prestigio histórico y continúa teniéndolo. Para los jugadores de posición, en cambio, el camino ha sido bastante más estrecho, y particularmente para quienes deben sobrevivir en el cuadro interior, donde las organizaciones buscan defensiva, rapidez de manos, brazo, versatilidad y, además, producción ofensiva suficiente para justificar todos los días un lugar en el lineup.

Eso no significa que no tengamos grandes antecedentes. Beto Ávila fue campeón de bateo de la Liga Americana; Aurelio Rodríguez construyó una larguísima trayectoria fundamentada en una defensa extraordinaria; Jorge “Charolito” Orta consiguió permanecer durante años; Vinny Castilla se transformó en uno de los mejores bateadores mexicanos de todos los tiempos y terminó con 320 cuadrangulares; Adrián “El Titán” González, aunque nacido en Estados Unidos y mexicano por filiación, poseía algo que abre muchas puertas en cualquier organización: un bate excepcional, poder y producción sostenida. Pero precisamente esos nombres ayudan a entender lo excepcional que ha sido lograr una permanencia prolongada como jugador de posición. MLB registra a Castilla, Aurelio Rodríguez y Orta entre los mexicanos con mayor continuidad como jugadores de campo, algo que refleja lo escaso que ha sido ese tipo de carrera frente al enorme historial de brazos mexicanos.

Después encontramos historias valiosas, aunque no siempre de la misma duración. Juan Gabriel Castro construyó una carrera gracias fundamentalmente a su defensa y versatilidad; Daniel Castro, Ramiro Peña, Luis Alfonso “Cochito” Cruz, Christian Villanueva, Benjamín Gil, Erubiel Durazo, Karim García y otros consiguieron abrirse espacio en distintos momentos, algunos durante años y otros por periodos más breves. Hoy Isaac Paredes demuestra que un mexicano puede establecerse como tercera base con poder y producción, mientras otros jóvenes intentan seguir esa ruta. Pero si hacemos el balance histórico, encontraremos que para el infielder mexicano ha sido mucho más complicado no sólo llegar, sino conseguir esa combinación tan difícil de oportunidad, continuidad y rendimiento que permite quedarse.

Y ahí está precisamente lo atractivo de Serna. No estamos hablando de un pitcher que puede ser utilizado eventualmente en relevo mientras encuentra su lugar, sino de un shortstop/segunda base que necesita demostrar prácticamente todos los días que puede responder con el guante y con el bat. MLB lo registra como shortstop y en su primera titularidad Miami lo utilizó en segunda. Esa versatilidad puede convertirse en una ventaja enorme: en el beisbol moderno, el jugador capaz de cubrir varias posiciones del infield aumenta considerablemente sus posibilidades de permanecer en un roster.

Serna tiene además una conexión particularmente cercana con nuestro beisbol. Fue firmado originalmente por Yankees como agente libre internacional, recorrió las sucursales de esa organización, posteriormente llegó a Miami y acumuló experiencia en Triple A Jacksonville antes del llamado. Pero en México lo conocemos también por Charros de Jalisco, con quienes fue Novato del Año de la Liga Mexicana del Pacífico en 2024. Incluso su proceso incluyó formación en la Academia de Toros de Tijuana, otra muestra de que el camino hacia MLB no siempre transcurre por una sola organización o un único sistema.

Ahora comienza lo realmente difícil. Llegar no significa permanecer. En los jugadores de cuadro esa batalla puede ser todavía más cruel porque las organizaciones poseen numerosos prospectos capaces de cubrir segunda, short o tercera y constantemente están buscando quién ofrece algo adicional: más contacto, más poder, mejor defensa, mayor velocidad o simplemente la capacidad de resolver varias posiciones. El margen para atravesar un slump puede ser menor que para una estrella consolidada y cada oportunidad adquiere enorme importancia. Serna tendrá que demostrar que puede ajustarse cuando los pitchers encuentren sus debilidades, que puede defender consistentemente y que su bat merece suficientes turnos para continuar aprendiendo en Grandes Ligas.

Precisamente por eso su primera titularidad resultó alentadora. Consiguió su primer hit, produjo una carrera, anotó otra y negoció una base por bolas. Son apenas los primeros números de una carrera que todavía no permite sacar ninguna conclusión, pero tampoco son irrelevantes. Cada uno elimina una pequeña presión: ya llegó, ya fue titular, ya produjo, ya conectó su primer hit. Ahora puede comenzar a concentrarse en algo todavía más importante: demostrar que pertenece ahí.

El caso llega además en un momento interesante para la relación entre MLB y México. Organizaciones como Padres conocen perfectamente el tamaño y la pasión del mercado mexicano, particularmente por la ubicación privilegiada de San Diego frente a nuestra frontera, y buscan profundizar esa identificación. Nada tiene de malo. Es lógico que quieran convertir a México en parte importante de su base de aficionados. Pero quizá la mejor manera de conquistar verdaderamente al público mexicano no sea solamente con mercadotecnia, promociones o mensajes de cercanía. Es poniendo talento mexicano en el terreno y dándole oportunidades reales de crecer.

Porque el aficionado mexicano puede adoptar a un equipo, pero se identifica de manera especial cuando ve a uno de los suyos competir entre los mejores. Y para un país que históricamente ha enviado muchos más grandes pitchers que infielders capaces de permanecer durante años, cada nuevo jugador de cuadro merece particular atención.

No sabemos todavía cuál será el techo de Jared Serna. Sería absurdo convertir un debut prometedor en pronóstico de estrellato. Pero precisamente por la dificultad histórica de su posición vale la pena seguirlo.

Fernando, Higuera, Loaiza, Soria u Osuna demostraron durante décadas lo lejos que puede llegar el brazo mexicano. Castilla, Aurelio Rodríguez, Orta, Adrián González y unos cuantos más demostraron que también puede construirse una gran carrera lejos de la lomita.

Ahora Serna tiene frente a sí ese desafío.

Ya cruzó la puerta. Lo verdaderamente importante será conseguir que no vuelva a cerrarse.