Ayer hablábamos de una Liga Americana congestionada, con varios equipos peleando prácticamente por una sola silla. En la Nacional el problema es distinto. Aquí hay un grupo de clubes que no solamente parecen encaminados a octubre, sino que poseen argumentos suficientes para llegar muy lejos. Y eso cambia la pregunta. Ya no se trata únicamente de quién va a entrar, sino de quién va a encontrarse con quién cuando empiece la verdadera temporada. Milwaukee sigue marcando el paso, Atlanta y Dodgers sostienen campañas de primer nivel, Cubs y Phillies se han convertido en rivales tremendamente incómodos y, detrás, Padres y Diamondbacks mantienen una batalla que puede definir mucho más que el último boleto.

Milwaukee continúa siendo quizá el equipo más completo y consistente de la Liga Nacional. No es una sorpresa ni una moda de agosto: lleva tiempo construyendo una estructura capaz de ganar sin depender exclusivamente de una superestrella. Atlanta, por su parte, llega al cierre de mes en un gran momento y acaba de extender a seis su racha de victorias. Dodgers sigue teniendo una concentración de talento que pocos pueden igualar, aunque ya vimos que sus problemas recientes frente a equipos fuertes y ciertas dudas en el pitcheo lo hacen bastante menos invulnerable de lo que la nómina sugiere. Tres líderes divisionales con estilos diferentes, pero ninguno quisiera encontrarse demasiado pronto con alguno de los equipos que vienen detrás.

Porque Chicago está enviando señales muy serias. Pete Crow-Armstrong acaba de pegar tres cuadrangulares y producir seis carreras en una paliza de 17-5 sobre Cincinnati; llegó a 36 jonrones y volvió a demostrar que puede alterar por sí mismo la fisonomía de un partido. Pero reducir a Cubs a Crow-Armstrong sería un error: ese día también se fueron para la calle Carson Kelly, Seiya Suzuki y Alex Bregman dentro de una ofensiva de 19 hits. Es decir, cuando esa alineación encuentra ritmo, el rival puede pasar de estar jugando un encuentro cerrado a perseguir cinco o seis carreras en cuestión de un par de entradas.

Philadelphia tampoco quiere que nadie se olvide de él. Los Phillies han ganado 12 de sus últimos 14 y acaban de imponerse nuevamente, ahora en extra innings frente a Angels. Más importante todavía: Cristopher Sánchez lanzó siete entradas en blanco con ocho ponches y llegó a 202 en la temporada. Schwarber sigue apareciendo en situaciones grandes, Trea Turner produce, Harper está ahí y el pitcheo tiene suficiente profundidad para competir contra cualquiera. Ésos son precisamente los equipos que uno preferiría evitar en una serie corta: no necesitan que todo funcione para ganar; les basta con que dos o tres de sus armas aparezcan en el momento correcto.

Y después está el Oeste. Padres y Diamondbacks están suficientemente cerca entre sí como para que cada jornada modifique la fotografía. Arizona me parece particularmente peligroso porque ha desarrollado una cualidad muy valiosa para octubre: no se considera derrotado cuando va abajo. Ha ganado una cantidad extraordinaria de juegos viniendo de atrás y ha demostrado que puede sobrevivir encuentros desordenados, cerrados o aparentemente perdidos. Ese tipo de equipo quizá no intimide tanto en el papel como Dodgers, pero puede convertirse en una pesadilla cuando una serie se aprieta. San Diego, por su parte, tiene suficiente talento y experiencia para saber que entrar como comodín no significa llegar como comparsa.

Ahí aparece la gran diferencia con la carrera que describíamos en la Americana. Del otro lado hay equipos tratando de demostrar que merecen la última invitación. En la Nacional hay varios clubes que, aunque terminen como comodines, pueden legítimamente pensar en ganar la liga. El formato moderno acentúa esa incertidumbre. Ser líder divisional, conseguir noventa y tantas victorias y dominar durante seis meses ya no garantiza demasiado cuando enfrente aparece un club con dos buenos abridores, un bullpen caliente y una ofensiva que encuentra el batazo oportuno.

Por eso las posiciones de siembra comienzan a importar muchísimo. Terminar primero o segundo puede significar descanso y evitar una ronda; caer unos lugares puede obligar a jugar inmediatamente una serie corta contra un rival que quizá sea inferior en el standing, pero no necesariamente en octubre. Y ahí cambia todo. El calendario de 162 juegos premia profundidad y consistencia. Una serie de dos o tres triunfos premia otra cosa: ejecución, nervios, pitcheo dominante y oportunidad.

Milwaukee puede terminar con el mejor récord. Dodgers puede presentar la nómina más impresionante. Atlanta puede llegar encendido. Cubs puede aplastar con su ofensiva. Philadelphia puede convertir cada juego en una batalla de pitcheo y poder. Padres o Arizona pueden colarse con la tranquilidad del que tiene poco que perder. Y cuando uno observa todos esos nombres juntos, queda claro que la Liga Nacional no tendrá demasiados cruces cómodos.

Ésa puede ser la verdadera batalla de septiembre: no sólo clasificar, sino acomodarse.

Porque en la Americana varios equipos están preguntándose todavía si alcanzarán octubre.

En la Nacional, los mejores ya deberían estar preguntándose a quién preferirían no encontrarse cuando llegue.

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