Hay equipos que aseguran su lugar en octubre con semanas de anticipación y otros que llegan a la postemporada prácticamente corriendo, empujados por una racha que transforma por completo la percepción de lo que pueden hacer. San Diego pertenece hoy a ese segundo grupo.

Al corte de este domingo 20 de septiembre, Padres está 86-69, ha ganado 12 de sus últimos 13 juegos, comparte con Cubs la mejor posición entre los comodines de la Liga Nacional y redujo a tres su número mágico para asegurar postemporada. No tiene todavía el boleto formalmente amarrado, pero sí algo que en esta época puede resultar incluso más importante: momento. Y octubre, tantas veces, termina premiando precisamente al equipo que encuentra su mejor versión cuando el calendario comienza a acabarse.

Eso importa porque octubre rara vez respeta la fotografía de abril o incluso de agosto. Un equipo puede pasar seis meses construyendo una temporada extraordinaria y quedarse fuera en tres noches, mientras otro entra por comodín, se calienta durante una semana y termina convertido en amenaza para cualquiera. Padres tiene exactamente ese perfil. No llega como el conjunto más dominante de la Nacional, porque Milwaukee y Dodgers han sido superiores durante buena parte del calendario, Atlanta también ha mostrado enorme solidez y Philadelphia posee suficientes armas para complicar cualquier serie. Pero San Diego está entrando en el momento donde los antecedentes empiezan a valer menos que el presente, y sus dos triunfos más recientes frente a Miami sirven perfectamente para ilustrarlo: el viernes ganó 8-2 con una ofensiva de doce imparables y el sábado tuvo que remontar un 5-1, perdió la ventaja en la novena y terminó ganando 7-6 en diez entradas con un sencillo de Ethan Salas. Son maneras distintas de ganar, y ambas cuentan.

La ofensiva tiene suficientes piezas para explicar la racha. Fernando Tatis Jr. sigue siendo capaz de alterar un juego desde el primer lanzamiento, Manny Machado aporta experiencia y poder, Jackson Merrill volvió a encontrar impacto ofensivo, Xander Bogaerts da profundidad y Ty France regresó justo a tiempo para reforzar un lineup que durante la primera mitad del año tuvo enormes dificultades para producir con regularidad. France conectó un jonrón de tres carreras en el triunfo del viernes y Salas se ha convertido quizá en el símbolo perfecto de este cierre: hace apenas unos días se convirtió, con 20 años, en el catcher más joven en la historia de MLB en conectar dos jonrones en un juego, y ahora produjo el batazo de walk-off que dejó a San Diego empatado con Cubs en la cima de los comodines. Salas no tiene que cargar con el equipo; precisamente lo interesante es que Padres empieza a recibir contribuciones desde distintos lugares.

El pitcheo será la gran pregunta. Nick Pivetta respondió muy bien en su salida reciente, pero la rotación necesita mantener estabilidad y reducir esas noches en las que la ofensiva queda obligada a rescatar partidos que comenzaron cuesta arriba. El sábado Casey Mize permitió cinco carreras, y San Diego necesitó remontar para sobrevivir. Eso puede ocurrir una vez; en octubre se vuelve mucho más peligroso. Padres tiene récord ganador, está extraordinariamente fuerte en casa —48-29—, pero su marca frente a clubes de .500 o mejores es 28-41. Ese dato no condena a nadie, porque los playoffs empiezan de cero, pero sí señala la prueba que falta: demostrar que esta racha también funciona cuando enfrente están Milwaukee, Dodgers, Atlanta, Philadelphia o cualquier otro contendiente verdadero.

¿Hasta dónde puede llegar San Diego? Bastante lejos. Hoy tiene perfil para ganar una serie de comodines y, si mantiene esta inercia, para convertirse en un rival realmente incómodo en la Serie Divisional. No lo colocaría por encima de Milwaukee o Dodgers como favorito principal de la Nacional, pero tampoco sería una sorpresa verlo eliminar a uno de ellos si consigue combinar dos buenas aperturas con el poder de su lineup.

Para pensar seriamente en llegar hasta la Serie Mundial necesita algo más: que la rotación entregue profundidad, que el bullpen responda bajo presión y que esta ofensiva demuestre que puede producir con la misma eficacia frente al mejor pitcheo de octubre. Pero tiene las herramientas. Y, sobre todo, tiene algo que no se puede comprar en septiembre: confianza.

Hay además otra transformación alrededor de Padres que vale la pena observar. San Diego dejó de ser aquella plaza que durante muchos años parecía vivir más del turismo y del visitante que de una auténtica identidad beisbolera. Eso cambió de manera muy profunda durante la era reciente. En 2024 Petco Park recibió 3 millones 314 mil 593 aficionados, récord de la franquicia, después de superar los tres millones por tercera temporada consecutiva; las membresías de temporada para 2025 llegaron a agotarse. MLB describió recientemente a la afición de Padres como una de las más apasionadas del beisbol, después de que el club alcanzara cuatro postemporadas en seis temporadas bajo la etapa de Peter Seidler. El Petco dejó de ser simplemente un bello estadio del centro de San Diego: se convirtió en una auténtica ventaja de localía.

Eso también explica por qué este Padres resulta diferente. La ciudad empezó a identificarse con un equipo competitivo, espectacular y dispuesto a invertir. Tatis, Machado y las nuevas generaciones ayudaron a crear espectáculo; las victorias hicieron el resto. Hoy un partido importante en Petco tiene atmósfera de octubre aun cuando todavía estemos en septiembre, y la victoria más reciente frente a Miami terminó precisamente frente a una casa llena y ruidosa, con Salas dejando tendido al rival. San Diego, que durante décadas tuvo dificultades para construir una relación semejante, ahora posee algo que muchas franquicias tardan generaciones en desarrollar: una afición que espera ganar.

Y ahí aparece el siguiente desafío. Padres acaba de iniciar una nueva etapa de propiedad bajo Kwanza Jones y José E. Feliciano, empresario puertorriqueño. MLB aprobó en agosto el nuevo grupo y ambos anunciaron que quieren continuar el proyecto competitivo construido por los Seidler, con un objetivo explícito: ganar la primera Serie Mundial de la franquicia. Pero Feliciano dijo además algo especialmente interesante para nosotros: por la posición geográfica privilegiada de San Diego junto a Baja California, la ambición es convertir a Padres en “el equipo de México”, de Latinoamérica y del Caribe. También se ha hablado de profundizar la relación con el beisbol mexicano y aprovechar vínculos existentes con el grupo de Alfredo Harp Helú.

La intención es acertada, pero convertir a Padres en el equipo de México requiere bastante más que una campaña de mercadotecnia. San Diego tiene probablemente mejores condiciones geográficas y culturales que cualquier otra franquicia de MLB para construir ese vínculo: Tijuana está literalmente al otro lado de la frontera, Baja California vive el beisbol intensamente y millones de aficionados mexicanos pueden identificar a Padres como un club cercano. Pero habrá que traducir esa cercanía en hechos: más scouting en México, más desarrollo de jóvenes mexicanos, relaciones permanentes con academias y organizaciones de nuestro país, más presencia física y, sobre todo, más peloteros mexicanos vistiendo el uniforme de San Diego. Si realmente quieren ser “el equipo de México”, el mejor camino es que los aficionados mexicanos puedan reconocerse también dentro del terreno.

Padres está, por tanto, frente a dos oportunidades que curiosamente coinciden. Una inmediata: esta temporada, donde llega encendido y puede convertirse en el comodín que rompa el cuadro de la Nacional. Y otra mucho más larga: consolidar una franquicia que ya consiguió algo que durante décadas parecía difícil, crear una afición auténticamente fuerte en San Diego, y ahora extender esa identidad hacia el sur de la frontera.

No necesita demostrar que fue el mejor equipo de seis meses. Milwaukee y Dodgers tienen argumentos superiores para decirlo.

Necesita ser el mejor durante unas cuantas noches.

Doce victorias en trece juegos no garantizan absolutamente nada. Su récord frente a los clubes fuertes recuerda que todavía existen preguntas. Pero el equipo tiene poder, juventud, estrellas, un estadio que ya se convirtió en fortaleza y una afición que dejó de comportarse como espectadora ocasional para convertirse en parte de la identidad del club.

Hace algunas semanas Padres parecía simplemente uno de varios aspirantes al comodín.

Hoy empieza a parecer el equipo que nadie debería querer encontrar en la primera ronda. Y si la nueva propiedad consigue además cumplir aquella ambición de acercarlo verdaderamente a México, San Diego puede estar construyendo algo bastante más grande que una buena postemporada.

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