Hay ciudades que viven acostumbradas a presumir dos equipos de Grandes Ligas. Nueva York tiene a Yankees y Mets; el enorme mercado del sur de California reúne a Dodgers y Angels. Pero lo ocurrido este jueves en Chicago posee un sabor muy particular: Cubs y White Sox aseguraron su lugar en la postemporada prácticamente al mismo tiempo, con apenas minutos de diferencia, y con ello una de las ciudades más profundamente beisboleras de Estados Unidos tendrá octubre simultáneamente en el North Side y en el South Side. No es simplemente que dos equipos compartan una gran plaza y hayan tenido una buena temporada. Es la excepcionalidad histórica de Chicago: después de más de un siglo conviviendo, ésta es apenas la cuarta ocasión en que Cubs y White Sox llegan juntos a la postemporada, y solamente la tercera dentro de una temporada completa.
Hay que remontarse a 1906, 2008 y 2020 para encontrar los otros antecedentes. El primero es extraordinario: Cubs y White Sox no solamente llegaron a octubre, sino que disputaron entre ellos la Serie Mundial. Aquellos Cubs ganaron 116 partidos, una cifra descomunal, pero fueron derrotados en seis juegos por unos White Sox que llegaron como claros desfavorecidos. Tuvieron que pasar 102 años para que ambos regresaran simultáneamente a playoffs, en 2008. Cubs ganó entonces la Central de la Nacional y White Sox la Central de la Americana, pero ninguno sobrevivió a la Serie Divisional. Volvieron a coincidir en 2020, aunque dentro de aquella temporada excepcionalmente reducida por la pandemia y con una postemporada ampliada; los dos fueron eliminados de inmediato en la ronda de comodines. Ahora, en 2026, vuelven a encontrarse en octubre, y por primera vez en su historia aseguraron el boleto el mismo día y prácticamente a la misma hora.
Los dos caminos, además, no podrían ser más diferentes. Cubs llega nuevamente a la postemporada después de haber estado ahí también en 2025. Es un proyecto que ya venía construyéndose para competir y que encontró esta temporada en Pete Crow-Armstrong una dimensión espectacular. El jardinero no solamente ayudó a asegurar el boleto con otra actuación importante, sino que alcanzó la combinación de 40 jonrones y 40 robos, convirtiéndose en apenas el séptimo pelotero de la historia de Grandes Ligas que entra al club 40-40. Seiya Suzuki, Alex Bregman, Michael Busch y el resto de una alineación bastante profunda completan un equipo que puede hacer daño por distintas vías, mientras el mexicano Javier Assad aporta una pieza especialmente útil por su capacidad para abrir o trabajar varias entradas.
Cubs no llega simplemente feliz por haberse clasificado. Tiene argumentos para pensar que puede ganar una serie y seguir avanzando.
Pero quizá la historia verdaderamente extraordinaria está del otro lado de Chicago. White Sox pasó de ser el patito feo de Grandes Ligas a convertirse en una de las grandes historias de 2026. Hace apenas dos años perdió 121 partidos, la peor temporada de su historia y una de las peores jamás sufridas por una franquicia de las Mayores. Venía además de tres campañas consecutivas con al menos cien derrotas, una profundidad deportiva desde la cual normalmente no se reconstruye en cuestión de meses sino de años. Sin embargo, este jueves aplastó 9-1 a Kansas City, alcanzó las 82 victorias y aseguró matemáticamente su lugar en octubre. Se convirtió así en el primer equipo en la historia de MLB capaz de llegar a playoffs después de temporadas consecutivas de cien derrotas o más.
La metamorfosis merece detenerse un momento. White Sox era hasta hace poco el club que parecía no tener dirección, uno al que se observaba muchas veces para saber cuántas derrotas más acumularía antes que para preguntarse si podía competir. Hoy posee un núcleo joven que empezó a convertir aquella reconstrucción en algo tangible. Munetaka Murakami, Miguel Vargas, Tristan Peters, Kyle Teel y Colson Montgomery representan una generación que comenzó a cambiar la personalidad del equipo. Murakami aportó poder desde su llegada, Vargas se convirtió en uno de sus motores ofensivos y Teel volvió a hacerse presente precisamente en el juego donde aseguraron el boleto. Will Venable, en su segundo año como manager, consiguió que un equipo acostumbrado a perder comenzara a jugar con la expectativa contraria.
Y todavía puede ocurrir algo más. White Sox no se conformó con asegurar un comodín. Al finalizar la jornada quedó 82-77, mientras Cleveland estaba 82-76, de modo que la pelea por la Central de la Americana continúa abierta hasta el último fin de semana. Chicago tiene además el criterio de desempate favorable por haber ganado la serie particular. Es decir, aquel equipo que hace dos temporadas perdió 121 juegos podría terminar 2026 no solamente en playoffs, sino como campeón divisional. Eso explica mejor que cualquier discurso la velocidad de la transformación.
Chicago es también una ciudad dividida beisboleramente de una manera muy peculiar. Cubs pertenece al North Side y juega en Wrigley Field, uno de los grandes templos históricos del deporte estadounidense. White Sox representa al South Side, una identidad diferente, tradicionalmente más obrera y durante muchos periodos bastante menos favorecida mediáticamente. Cubs suele tener mayor exposición nacional, mayor capacidad económica y una enorme maquinaria comercial alrededor de Wrigleyville; White Sox ha vivido frecuentemente bajo la sombra de su vecino. Precisamente por eso lo que ocurre ahora resulta todavía más atractivo: el supuesto hermano menor llega a octubre convertido en una de las estrellas de la temporada.
Nueva York conoce perfectamente lo que significa tener dos equipos competitivos. Yankees y Mets incluso protagonizaron aquella Serie Mundial del 2000. Los Ángeles y su entorno también han tenido temporadas con más de una franquicia involucrada en octubre. Pero Chicago presenta ahora una escena propia: dos organizaciones centenarias, separadas apenas por unos kilómetros y por una rivalidad cultural que atraviesa generaciones, consiguieron asegurar su clasificación el mismo jueves y con apenas minutos de diferencia. No es algo cotidiano ni siquiera para las grandes metrópolis con más de un club.
Y naturalmente aparece la fantasía. Para volver a enfrentarse tendrían que sobrevivir cada uno su liga y encontrarse en la Serie Mundial. La única vez que ocurrió fue hace 120 años, en 1906. Pensar hoy en otra Serie Mundial exclusivamente de Chicago parece aventurado porque delante de Cubs están Milwaukee, Dodgers, Atlanta, Padres y otros rivales peligrosísimos, mientras White Sox tendría que superar una Americana donde Tampa Bay, Yankees, Boston y Cleveland tienen mucho que decir. Pero si existe un deporte donde resulta imprudente declarar imposible una historia antes de que ocurra, ése es precisamente el beisbol.
Por ahora no hace falta adelantarse tanto. Lo extraordinario ya ocurrió.
Cubs regresó a octubre.
White Sox pasó en dos años de 121 derrotas a la postemporada.
Y Chicago, esa ciudad acostumbrada a dividir sus afectos entre el norte y el sur, tendrá por cuarta vez en la historia a sus dos equipos jugando cuando comiencen los partidos que realmente pueden cambiar una temporada.
En 1906 llegaron juntos y terminaron jugando entre ellos la Serie Mundial. En 2008 y 2020 el sueño duró poco. En 2026 vuelven los dos. Lo demás, como siempre en octubre, tendrá que decidirlo el beisbol.
















