Hay días en el Tour de Francia que trascienden el resultado deportivo. La etapa 19 hacia el mítico Alpe d’Huez fue uno de ellos. No sólo por la exhibición de Tadej Pogacar en una de las montañas más legendarias del ciclismo, sino porque tuve el privilegio de vivirla junto a mi nieto Mikel Bol, mi hija Nancy, mi yerno Jetse, mi hermano Jesús y mi sobrino Tony. Compartir este escenario con la familia convierte una gran carrera en un recuerdo para toda la vida.
En la víspera circulaban rumores sobre un posible problema de salud dentro del UAE Team Emirates XRG, alimentados por los abandonos que había sufrido el equipo durante el Tour. Sin embargo, cuando llegó el momento de responder sobre la carretera, el líder esloveno disipó cualquier duda. Los campeones hablan con las piernas, y Pogacar lo hizo con una autoridad impresionante.
La jornada, de 127.9 kilómetros, bajo un cielo despejado y temperaturas cercanas a los 21 °C, fue explosiva desde el banderazo inicial. Aunque era la etapa en línea más corta del Tour, su intensidad la convirtió en una de las más exigentes de esta edición. El Col d’Ornon fue el primer gran filtro antes del desenlace en el coloso alpino.
El ambiente fue simplemente incomparable. Más de 800 mil aficionados ocuparon las cunetas desde varios días antes. Muchos acamparon en la montaña; otros ascendieron desde la madrugada en bicicleta para conquistar los 13.8 kilómetros del Alpe d’Huez, con una pendiente media del 8.1 % y sus legendarias 21 curvas de herradura, cada una cargada de historia. Por trigésima segunda ocasión, esta montaña escribió un nuevo capítulo en la leyenda del Tour.
Y cuando la carretera apuntó definitivamente hacia el cielo, apareció el mejor ciclista del mundo. Tadej Pogacar impuso su ritmo con la serenidad de quien sabe exactamente cuándo y cómo atacar. No fue una victoria producto de la desesperación, sino de la superioridad. Detrás de él, Lenny Martiny y Richard Carapaz en tercero.
Remco Evenepoel dio un paso importante para asegurar el segundo lugar de la clasificación general al dejar al mexicano 11 segundos detrás.
La otra gran noticia para México volvió a ser Isaac del Toro. El joven bajacaliforniano respondió con enorme madurez, manteniendo el paso de los mejores y, lo más importante, ampliando su ventaja sobre el francés Paul Seixas por 24 segundos en la lucha por el podio. Cada kilómetro confirma que no estamos frente a una casualidad, sino ante un corredor con el talento y la fortaleza para marcar una época en el ciclismo mexicano.
A falta de una jornada decisiva en los Alpes, el UAE demostró que sigue siendo el equipo más sólido de la carrera. Si las fuerzas responden una vez más, Isaac del Toro está muy cerca de escribir una de las páginas más importantes en la historia del deporte mexicano.
Porque hay etapas que se olvidan con el tiempo y hay otras que permanecen para siempre. Esta del Alpe d’Huez quedará grabada en mi memoria por dos razones: por haber visto a Pogacar dominar una montaña legendaria y por haber compartido ese momento con mi familia. El ciclismo une generaciones, y mientras el Tour escribía otra página de su historia, nosotros escribíamos una de la nuestra.
















