Uno de los deportes favoritos de la afición mexicana es volver a disputar los partidos con el diario del lunes en la mano. A toro pasado, cada error parece evitable y todas las decisiones se vuelven evidentes.
Por eso conviene aclararlo desde el principio: la nominación de Julián Quiñones al Balón de Oro no demuestra por sí sola que México habría empatado contra Inglaterra si el delantero hubiera permanecido en la cancha.
Lo que sí hace es volver mucho más incómoda una decisión que ya parecía difícil de entender aquella noche.
Este 8 de septiembre, el futbol mexicano despertó con tres nominaciones extraordinarias dentro de los premios Balón de Oro: América fue considerado entre los mejores clubes femeniles del mundo; Scarlett Camberos apareció entre las candidatas al Balón de Oro Femenino y Julián Quiñones ingresó en la lista de los 30 nominados de la rama varonil.
Para potencias como Brasil, Argentina, Francia o España, colocar varios nombres entre los aspirantes es casi una costumbre. Para México, tener tres representantes en una misma edición representa un acontecimiento excepcional.
La nominación de Quiñones, además, reabrió una herida todavía reciente.
México perdía 3-2 contra Inglaterra en los octavos de final del Mundial 2026. El rival jugaba con diez hombres y el Estadio Azteca empujaba al Tri en busca del empate cuando Javier Aguirre decidió retirar a Quiñones al minuto 81 para darle entrada al Memote Martínez.
Todavía quedaban nueve minutos reglamentarios y el árbitro terminaría agregando once más. El atacante mexicano contempló desde la banca más de 20 minutos del asedio final.
Quiñones no había pasado inadvertido durante el encuentro. Marcó el primer gol de México, atacó constantemente los espacios y volvió a mostrarse como el jugador más peligroso del equipo. Terminó el Mundial 2026 con cuatro anotaciones, la mejor producción ofensiva de un futbolista mexicano durante el torneo y empató a los máximos históricos en la materia.
Aun así, cuando el Tri necesitaba un gol y tenía superioridad numérica, Javier Aguirre prescindió de su atacante más incisivo.
Puede reconstruirse cierta lógica detrás del movimiento: refrescar el frente de ataque y ganar presencia dentro del área con Memote Martínez. La verdadera pregunta es por qué ese ajuste exigía retirar precisamente a Quiñones, en lugar de aprovechar su movilidad alrededor de un delantero más fijo.
Santiago Giménez ya se encontraba sobre el terreno de juego y Martínez se sumó para disputar los balones aéreos. Sin embargo, ninguno consiguió provocar el desequilibrio que México había encontrado con Quiñones.
La discusión no nació con el anuncio del Balón de Oro. Comenzó aquella misma noche.
Toni Amor, auxiliar de Aguirre, explicó posteriormente que el cambio obedeció al desgaste físico del atacante. El cuerpo técnico disponía de información que el público desconocía, pero el argumento no terminó por cerrar la polémica.
Semanas después, el propio Quiñones cuestionó su salida en un video que circuló en redes sociales. Su reacción dejó ver que tampoco él entendió completamente la decisión.
La nominación al Balón de Oro tampoco puede utilizarse como una sentencia táctica. El premio considera toda la temporada y Quiñones construyó su candidatura gracias a su producción goleadora con el Al-Qadsiah y a sus actuaciones con la Selección Mexicana.
Su presencia en la lista no lo convierte en favorito frente a campeones mundiales, figuras de la Champions League y nombres como Lionel Messi, Kylian Mbappé, Lamine Yamal, Rodri, Harry Kane o Erling Haaland.
Pero sí confirma algo relevante: Quiñones atravesaba el mejor momento de su carrera y era el futbolista mexicano con mayor continuidad goleadora fuera del país.
Quizá no habría marcado el empate. Tal vez el cambio respondió a datos físicos imposibles de ignorar. Nunca sabremos qué habría ocurrido si permanecía sobre el césped.
Lo que sí quedó fue una imagen imposible de borrar: México perseguía el gol más importante de las últimas cuatro décadas, Inglaterra resistía con diez hombres y el atacante más productivo del Tri observaba desde la banca los últimos 20 minutos de aquella historia.
Quiñones probablemente no ganará el Balón de Oro y el partido contra Inglaterra jamás podrá repetirse. La nominación, sin embargo, hizo todavía más grande la pregunta que aquella noche quedó suspendida sobre el Estadio Azteca:
Vasco, ¿por qué sacaste a un nominado al Balón de Oro?
















