Se acabó el Mundial para México. Inglaterra nos eliminó en los octavos de final y, como ocurre cada cuatro años, la tristeza vuelve a instalarse en millones de hogares. Pero esta vez la derrota sabe diferente.
No porque perder duela menos, sino porque esta selección consiguió algo que parecía imposible: hacer que un país entero volviera a creer.
Nadie apostaba por ellos. Llegaron con críticas, con dudas, con una afición cansada de promesas incumplidas y de generaciones que nunca terminaron de dar el paso definitivo. Sin embargo, partido a partido fueron construyendo algo mucho más importante que un buen torneo: recuperaron la ilusión de los mexicanos.
Durante unos días dejamos de hablar de política, de inseguridad, de economía y de la polarización que divide al país. Nos reunimos con amigos, con la familia, en restaurantes, plazas y salas. Volvimos a abrazarnos por un gol y a sufrir juntos cada minuto. Eso también vale.
El marcador dirá que Inglaterra ganó el partido y avanzó a los cuartos de final. La historia registrará únicamente el resultado. Pero las estadísticas nunca podrán medir el sentimiento de un país que volvió a emocionarse con once jugadores que jamás dejaron de competir.
Porque el futbol tiene esa extraña capacidad de recordarnos que todavía somos capaces de caminar hacia un mismo lado. Aunque sea durante noventa minutos.
Esta selección no levantó la Copa del Mundo, pero levantó el ánimo de millones de personas. Nos recordó que la esperanza también se entrena, que el orgullo no siempre depende de una victoria y que hay derrotas que dignifican.
Ahora vendrán, como siempre, los análisis, las críticas y la búsqueda de culpables. Es parte del juego. Pero sería injusto olvidar que este grupo hizo mucho más de lo que cualquiera esperaba. México perdió un partido.
Los mexicanos recuperamos, aunque fuera por unas semanas, la ilusión de creer que sí era posible.
Y quizá ese sea el verdadero triunfo de esta generación.
Porque los sueños terminan. La esperanza, si se cuida, puede durar mucho más que un Mundial.















