TU DECIDES:

Hay veces en las que el futbol deja de ser solo futbol. No por el marcador, sino por lo que despierta. Por eso, más que hablar del juego, conviene hablar ahora de la idea: ¿Y si sí?

La respuesta que hoy existe en México se apoya en algo claro: en este Mundial hemos ganado cuatro partidos, anotado ocho goles y no hemos recibido uno solo. Además, se ve que el equipo juega bien. Con el corazón en la mano.

Si México gana: no sería “otro triunfo”.

A veces el tamaño del rival cambia el tamaño de la historia. Inglaterra es un umbral mental, la cuna del balompié, una potencia histórica y un nombre que pesa.

Al ganar quedamos entre los mejores ocho equipos del mundo. Y después, ya no serían “toda clase de posibilidades”, sino una ruta concreta: ganar dos juegos más para llegar a la final. Ahí es donde un campeonato deja de ser idea y se vuelve realidad… si el equipo insiste.

Y entonces las frases cambian:

- “Ahora sí…”

- “¿Y si sí?”

- “Ya estamos para grandes cosas”.

Si México pierde: la prueba es el tono

El ¿y si sí? no elimina el dolor. Solo cambia su significado. Si algo no sale, el aficionado no tiene por qué caer en el cero absoluto. Puede quedar el reconocimiento: “nos hicieron creer”, “estuvimos cerca”, “se compitió”.

Porque hay una diferencia enorme entre perder y sentirse hecho para perder.

El remate: también es atemporal

Este mensaje sirve antes y después del juego, porque no depende del árbitro ni del minuto: depende de nosotros. En la vida diaria de México, el conformismo y el pesimismo son rivales silenciosos y el ¿Y sí sí? la disciplina de atreverse: pensar “podemos”, intentarlo, y aprender incluso del golpe.

Nota: Con ideas y conceptos de mi buen amigo Ramón Muñoz.