El futbol suele tener una lógica que no siempre coincide con las estadísticas. México fue mejor durante gran parte del partido frente a Inglaterra, controló la posesión, generó más oportunidades y jugó con personalidad. Sin embargo, el pase a la siguiente ronda terminó en manos del conjunto inglés, que volvió a demostrar por qué las grandes selecciones necesitan muy poco para marcar la diferencia.
Basta revisar los números para entender el desarrollo del encuentro. México registró 21 remates por solo 6 de Inglaterra, tuvo 66% de posesión, completó 465 pases con una precisión del 92%, mientras que los ingleses realizaron 261 pases con un 83% de efectividad. Además, el Tri generó 12 tiros de esquina, seis veces más que su rival, un reflejo de la presión constante que ejerció sobre el área inglesa.
Sobre el papel, el equipo dirigido por Javier Aguirre hizo prácticamente todo para ganar. Sin embargo, el futbol no se decide por la cantidad de disparos o por quién tiene más tiempo el balón, sino por la capacidad de convertir las oportunidades en goles. Ahí estuvo la gran diferencia, Jude Bellingham en menos de dos minutos marcó un doblete para poner a la selección mexicana en un marcador en contra dos a cero, un escenario que nunca había estado la selección.
Lo llamativo es que este partido rompió con la tendencia que ambos equipos habían mostrado durante el Mundial. México llegó a esta instancia como una de las selecciones más sólidas del torneo: había ganado sus cuatro encuentros anteriores, mantenía el arco en cero y se había consolidado como una de las mejores defensas de la Copa del Mundo. El equipo mostraba equilibrio, intensidad y una idea de juego clara, algo que hacía muchos años no se veía en una selección mexicana.
Inglaterra, por su parte, había avanzado con más dificultades. Aunque cuenta con una de las plantillas más talentosas del torneo, varios de sus partidos fueron cerrados y dependió, una vez más, de la calidad individual de jugadores como Harry Kane y Jude Bellingham para resolver momentos complicados.
Frente a México, los ingleses hicieron lo que caracteriza a las selecciones acostumbradas a competir por títulos: aprovecharon sus oportunidades. Mientras el Tri necesitó una gran cantidad de llegadas para mantenerse con vida en el partido, Inglaterra fue contundente en los momentos decisivos y administró la ventaja con inteligencia.
Más allá de la eliminación, el balance del Mundial deja aspectos positivos para la Selección Mexicana. Después de varios años de incertidumbre, el equipo recuperó una identidad futbolística. Se mostró competitivo frente a rivales de alto nivel, defendió con orden durante casi todo el torneo y encontró una base de jugadores que ilusiona de cara al próximo ciclo mundialista.
Sin embargo, este partido también dejó una lección importante. El futbol de élite exige algo más que buen funcionamiento colectivo. Para competir con las grandes potencias es indispensable convertir el dominio en resultados. México fue superior en prácticamente todos los indicadores estadísticos, pero Inglaterra fue superior en el único que define los partidos: el marcador.
El Mundial termina con una sensación agridulce. Hay frustración porque el Tri tuvo argumentos suficientes para avanzar, pero también hay motivos para creer que este equipo puede competir de tú a tú contra cualquiera. Si logra añadir la contundencia que le faltó frente a Inglaterra, la distancia con las potencias será cada vez menor.
Durante décadas, el futbol mexicano cargó con una frase que parecía una condena: “jugamos como nunca y perdimos como siempre”.
En mi opinión, quizá este Mundial nos obliga a replantearla. Sí, México quedó eliminado, pero también volvió a competir de tú a tú con una potencia. Volvió a emocionar y, sobre todo, volvió a unir a un país que durante unas semanas dejó de lado sus diferencias para vestir los mismos colores. Esa es la verdadera victoria que deja esta Selección.
Ojalá que esa unión no desaparezca con el silbatazo final, porque si los mexicanos somos capaces de mantener fuera de la cancha la misma confianza, solidaridad y esperanza que mostramos dentro de ella, entonces este Mundial habrá significado mucho más que un resultado.
Tal vez no jugamos como nunca ni perdimos como siempre; simplemente demostramos que estamos cada vez más cerca de ganar como siempre hemos soñado.















