Y sí. Bien merecido, la Selección de España resultó campeona de esta larguísima y espectacular Copa del Mundo 2026, que resultó ser todo un ejercicio de claroscuros.

Sin superestrellas aparentes más allá de la promesa de Lamine Yamal y, me atrevería a decir, con jugadores menos deslumbrantes cómo aquella selección de 2010 con Íker, Iniesta, Xavi, Puyol y sin un centro delantero “matón” como el “Guaje” Villa o el “Niño” Torres, la Roja dio muestra de que un juego de equipo supera prácticamente a cualquier individualidad, como fue el caso de su victoria ante Francia, con todo y un penal que a mí me pareció discutible.

Pero en fin. Quizás el segundo tema más importante de la derrota de Argentina es la destrucción casi total de la imagen internacional del “astro” sintético Lionel Andrés Messi, cuya carrera pudo haber terminado relativamente “limpia” si se hubiera retirado al final de la tétrica copa de Qatar 2022, pero que se extendió de forma antinatural hasta este 2026 con groseras ayudas de la FIFA de Infantino.

Además, el empantanado apoyo de personajes de Israel, como Netanyahu, y Ben Gvir a la Selección Argentina (hay que reconocer que este apoyo trajo mucho rechazo de aficionados sudamericanos), el juego sucio de los seleccionados albicelestes, así como la actitud fanfarrona y varias veces violenta de los “hinchas” del equipo de Messi, trajo una catastrófica pérdida de “aura”, como se dice hoy en día, del bajito exjugador del Barcelona, quién en su momento se debatió por representar a España o a Argentina.

Messi se irá, con la excepción de reductos de fanáticos en Argentina y países quintomundistas como Bangladesh, al basurero de la historia. Y no estará en la discusión de los mejores, en donde sí están Pelé, Maradona y, seguramente, estará Mbappé, con su monstruoso récord de goles y al menos un par de oportunidades más de ganar su segunda Copa del Mundo.

Ganó el futbol...