Ha trascendido en los últimos días el reportaje del periodista francés Romain Molina en torno a una supuesta triangulación ilegal de fondos operada por la FIFA y la AFA (Asociación del Futbol Argentino). De acuerdo con la información difundida, se habrían transferido de manera irregular unos 40 millones de dólares a empresas fantasmas en Estados Unidos, en el contexto del triunfo de la selección argentina en el Mundial de Catar de 2022.
Abriendo la ruta de la especulación, y en espera de que las autoridades federales estadounidenses anuncien el resultado de la pesquisas ¿quiénes pueden haber sido beneficiarios de las transferencias millonarias? ¿sonaría descabellado que se apuntase hacia Gianni Infantino o altos directivos de la FIFA? Al tiempo.
En adición, según Molina, la FIFA habría encubierto denuncias por abusos y maltratos contra menores de edad perpetrados por el entrenador Diego Guacci en las selecciones juveniles argentinas. Estos señalamientos no han hecho más que recrudecer las sospechas de redes de corrupción tejidas por los altos directivos de la AFA y el propio Infantino, presidente de la organización internacional.
Otro tema es la figura de Messi. Si bien fue en el pasado el gran goleador del Barcelona y de la propia selección, y sin duda, descolló como el mejor entre los mejores, los tiempos han cambiado. A pesar del impulso mediático por seguir rindiéndole loas como el “mejor futbolista del mundo” hoy, con 40 años, dista enormemente de ser la figura emblemática un día dirigida por Pep Guardiola.
Sobre el césped, la selección nacional de Argentina ha sido objeto de duras críticas en torno a un supuesto favoritismo por parte del arbitraje. Dos de los más señalados han sido el gol anulado a Egipto, cuando éste lideraba claramente el partido, por una supuesta falta cometida a decenas de metros de la portería argentina. Otro fue, desde luego, la grave falta cometida por Messi contra un jugador argelino durante el partido de la fase de grupos entre ambas selecciones. El célebre delantero argentino no fue ni siquiera amonestado.
De igual manera, ha resultado en sobremanera sospechoso el hecho de que, de acuerdo a los conteos, las jugadas controvertidas revisadas por el VAR han resultado favorables para la selección argentina en la totalidad de los casos.
Como ha sido bien señalado por los analistas, es aceptable que un árbitro o juez de línea cometa errores de apreciación, sin embargo ,lo que que resulta llamativo es que el resultado de las pifias favorezcan siempre a los argentinos.
Y como colofón, a pesar del intento de la prensa y de algunos aficionados argentinos por encontrarle una salida razonable, resulta inexplicable que en el paso de la selección argentina, desde la fase de grupos hasta las tres primeras rondas eliminatorias, haya enfrentado a equipos nacionales que se sitúan muy por debajo del top 15 del ranking de la FIFA, lo que levanta cuestionamientos alrededor de la conformación inicial de los grupos.
Mientras Portugal fue batido por España en cuartos de final, Argentina midió fuerzas con Cabo Verde, Suiza y Egipto. Sin embargo, y seguramente derivado de un fallo en el cálculo, Messi y los suyos apenas superaron unos obstáculos otrora considerados sencillos en su camino hacia las semifinales.
¿Se tratará en realidad de una simple paranoia del resto del mundo en torno al papel de la selección argentina en el Mundial, o existe evidencia clara que justificaría los cuestionamientos sobre la legitimidad de los triunfos de la albiceleste? ¿Estarán los mexicanos, suizos, argelinos, ingleses, jordanos, españoles, egipcios y el resto del planeta consumidos por su “aversión” hacia los sudamericanos?
Un probable triunfo de Argentina en el Mundial de 2026 no sólo estaría cubierto de serias sospechas de corrupción y tráfico de influencias, sino que enviaría una señal ominosa a los millones de aficionados que esperan cada cuatro años para mirar los mejores partidos de futbol marcados por un genuino espíritu de deportividad, competencia y fair play.
















