A medida que avanza la fase de grupos del Mundial, es natural que la conversación se centre en los resultados. Cuántos goles anotó una selección, cuántos puntos suma y qué tan cerca está de la clasificación. Sin embargo, hay partidos cuya relevancia trasciende el marcador. El México contra Corea del Sur parece ser uno de ellos.

Después de la victoria sobre Sudáfrica en el partido inaugural, la Selección Mexicana llega a este encuentro con la oportunidad de dar un paso importante para terminar como líder de grupo. Pero más allá de la posibilidad matemática de asegurar la clasificación, el enfrentamiento contra los surcoreanos representa una oportunidad para medir el verdadero nivel competitivo del equipo de Javier Aguirre.

La razón es sencilla: Corea del Sur es una de las selecciones más consistentes fuera de Europa y Sudamérica.

Desde México 1986, los surcoreanos no han faltado a una sola Copa del Mundo. Son once participaciones consecutivas, una cifra que pocas selecciones pueden presumir. Más aún, en los últimos veinte años han logrado consolidar un modelo de desarrollo que les ha permitido exportar futbolistas a las principales ligas del mundo.

Durante mucho tiempo se habló de Japón como el gran referente asiático, pero Corea del Sur ha demostrado una capacidad similar para producir talento competitivo. La generación encabezada por Son Heung-min abrió una puerta que hoy aprovechan numerosos futbolistas que militan en Inglaterra, Alemania, Bélgica, Francia y Países Bajos.

A contrario del futbol mexicano durante las últimas décadas es el debate permanente sobre la exportación de jugadores. Mientras países como Croacia, Marruecos, Japón o la propia Corea del Sur han convertido la salida de futbolistas hacia Europa en una política deportiva no escrita, México sigue encontrando en la Liga MX su principal plataforma de desarrollo.

Por supuesto, la situación ha mejorado respecto a otros ciclos mundialistas. Johan Vásquez se ha consolidado en Italia. Raúl Jiménez continúa compitiendo ahora en la segunda división en Inglaterra. Santiago Giménez representa una de las principales apuestas ofensivas del futbol mexicano en Europa. Sin embargo, gran parte de la columna vertebral del equipo sigue desarrollándose dentro del campeonato nacional.

Por ello, el duelo contra Corea ofrece una comparación particularmente interesante, no se trata de determinar qué modelo es mejor después de noventa minutos. El futbol es demasiado complejo para conclusiones tan simplistas. Lo relevante es observar si México puede competir con naturalidad ante un rival acostumbrado a ritmos de juego elevados, presión constante y transiciones rápidas.

Las estadísticas recientes muestran que la Selección Mexicana ha mejorado considerablemente en la recuperación tras pérdida y en la generación de oportunidades desde los costados. Alexis Vega atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Roberto Alvarado se ha convertido en una pieza fundamental para generar profundidad. Raúl Jiménez aporta experiencia y capacidad asociativa. Mientras tanto, el mediocampo encabezado por Érick Lira y Álvaro Fidalgo ha dado señales de equilibrio y control.

Sin embargo, la verdadera prueba consiste en trasladar esas virtudes ante un rival con características distintas a las observadas en los partidos de preparación o en el debut mundialista.

Ese es el punto que probablemente definirá el análisis posterior al encuentro, si México gana, pero sufre constantemente para salir jugando, pierde la posesión con facilidad o es superado físicamente durante amplios lapsos del partido, las conclusiones deberán ser prudentes.

Por el contrario, si el equipo logra imponer condiciones, controlar los tiempos del encuentro y generar oportunidades de manera consistente, entonces el resultado será apenas una consecuencia de algo más importante: el funcionamiento.

Y para que sea un buen funcionamiento, es importante la cantidad de cambios que existan respecto al primer partido, de por sí la Selección Mexicana se ve obligada a realizar un cambio por la expulsión de César Montes y lo mas obvio sería el cambio por Edson Álvarez, en lo particular creo que entre mas cambios el funcionamiento disminuirá porque la constancia en la alineación es un factor importante para el buen entendimiento entre los jugadores.

Por eso el partido contra Corea del Sur merece analizarse con atención. No porque defina el destino de la Selección Mexicana. Los mundiales rara vez se explican por un solo encuentro, lo importante será descubrir si este equipo puede competir de igual a igual contra selecciones que han encontrado una manera eficiente de desarrollarse en el futbol global.