La respuesta es afirmativa, y con un ejemplo de probabilidad y estadística mantengo mi postura:
Si en un saco de henequén introducimos 80 canicas azules y una roja, y al azar con los ojos cerrados sacamos una, existe la posibilidad, sin hacer cálculos al respecto, de sacar la canica roja.
Pero el futbol es mucho más grandioso que un saco de canicas, ya que influye muy notablemente la motivación personal y colectiva, la cual debería ser el principal motor que tenemos los mexicanos para aspirar a ganar este Mundial.
Después del partido inaugural en contra de Sudáfrica, fue muy evidente la falta de motivación de los jugadores mexicanos mientras competían, contrastante con la motivación que manifestaron más del 95% de todos los mexicanos de México y de todo el mundo después de ganar esta contienda, por eso precisamente la solución para ganar el Mundial sería equilibrar dicha motivación, y lo podríamos lograr.
Obviamente que nuestros jugadores no podrían recibir más motivación de todo México, me atrevo a asegurar que acá se claman las mejores porras y alabanzas posibles.
Pero con una anécdota histórica plasmada en la película “Troya” con Brad Pitt, intentaré estimar el valor de la motivación personal que debería incrustarse en cada jugador de la Selección Nacional:
La madre de Aquiles le dice antes de decidir partir a Troya a combatir:
- Si te quedas en Grecia, serás padre y abuelo y así será tu vida, si vas a Troya, tu nombre, Aquiles, se recordará por siempre.
Y eso es lo que tienen que considerar los futbolistas mexicanos, que con su entusiasmo y sus jugadas, sus nombres podrían escribirse con letras de oro en los libros de historia, junto a los de Pelé y Maradona, y junto a la muy importante lección universal de que México ha sido el único país del mundo que ha inaugurado tres mundiales de futbol en sus tierras.
















