… Así es como le llama mi hijo pequeño que le tocará, como me tocó a mí, el Mundial de Futbol en su país siendo niño.

No me puedo poner sentimental con el recuerdo de los partidos del Mundial porque, aunque ya tenía 12 años, el futbol no tenía todas mis preferencias. Empezaban los ánimos por ver futbol pues los Rayados de Monterrey acababan de ganar su primer campeonato y en la ciudad no se hablaba de nada y solo de futbol.

En el 86, el gobernador no se preocupaba tanto por hacer campaña buscando el escaparate que le daba el Mundial. Los precios de los boletos no eran una locura y a las selecciones nacionales no les daba “cringe” el Estadio de los Tigres.

Sin redes sociales, no había un GRWM para ir al estadio o para ver el Mundial con amigos. Los partidos se transmitían por TV abierta, la FIFA era corrupta pero no tanto. El Mundial era más para la gente que para los medios, para los “posers” y para la comercialización. En el Puente Bailarín que lleva al Estadio Monterrey, no veremos a los que venden semillas y que dicen que son las que come Sergio Canales para jugar bien. Todo se hizo demasiado comercial y el Mundial de ser algo divertido, pasó a ser algo aspiracional.

Como yo en el 86, a mi hijo pequeño no le importa tanto el futbol, pero está emocionado con el evento. Platicando con él, le digo: “si a ti ni te gusta el futbol” y el me contesta: “pero es el Mundial del mundo mundial”. Seguramente se sentará conmigo a ver alguno que otro juego preguntándome que cuándo puedo dejarle la televisión que él quiere ver caricatura; o tal vez le agarré interés al futbol como yo lo hice en el 86 y le heredé la maldición de ser aficionado a los Rayados de Monterrey como ya lo hice con mi otro hijo de 15.

Olvidaré por un momento todas las animadversiones que tengo sobre los seleccionados y sobre todo sobre la figura de Javier Aguirre como DT nacional y la sobrevaloración que tiene en la prensa chilanga.

Si hay gente que se puso en modo party, yo me pondré en modo “México 86” y creeré que México sí puede hacer algo más que ello que pienso basado en las terribles actuaciones de todos los mundiales que han pasado desde el gol del Abuelito Cruz.

El niño de 12 años que está en una parte de mi cerebro, se juntará con el niño de 6 y con el de 15 pensando en que si podemos hacer algo más que lo que pasó el Mundial pasado.

Que sea un buen Mundial para México y para todos los que habitamos en alguna de las ciudades sede.

¡Vamos México!... ¡carajo!