La FIFA dio marcha atrás. Este viernes, el organismo que rige el futbol mundial enterró, al menos temporalmente, su ambicioso y polémico plan de abrir el capital de la Copa del Mundo a inversores privados. El proyecto, conocido como FIFA Forward Enterprise (FFE), pretendía inyectar miles de millones de dólares al deporte, pero se topó con un repudio (casi) generalizado que ni siquiera Gianni Infantino pudo sortear.

Y es que era el colmo. Infantino le quería entregar el control del futbol mundial, que tampoco se ha distinguido por ahora por ser algo totalmente limpio, a la familia extendida del felón Trump, un hermano de Jared Kushner, cuyo padre, por cierto, duró varios años encarcelado por fraudes económicos. La iglesia en manos de Lutero, o más bien, el futbol en manos de cretinos que lo llaman “soccer”.

Las confederaciones de Europa (UEFA), Asia (AFC) y Norteamérica (Concacaf) se alinearon en contra. La gota que derramó el vaso fue la renuncia de Carlos Cordeiro, asesor de Infantino y hombre clave para engrasar la relación con la Casa Blanca. Cordeiro no solo dimitió, sino que calificó el plan como “un mal negocio para el futbol” y advirtió que hipotecar el futuro del deporte por 4 mil 200 millones de dólares era un despropósito. Su salida, sumada a la amenaza de la UEFA de boicotear competencias, forzó a Infantino a recular.

El mensaje del presidente de la FIFA fue de manual: escuchamos, el proyecto divide, no sigue adelante. Pero el daño ya está hecho. La propuesta, vinculada a Joshua Kushner, hermano del yerno de Donald Trump, generó un rechazo que, de forma criticable, la Federación Mexicana de Futbol no quiso rechazar abiertamente junto a otras federaciones locales.

¿Es una derrota definitiva? No necesariamente. Mientras el régimen Trump siga en el poder, los próximos dos años, buscarán seguir incrementando su fortuna con más corruptelas... a costa de lo que sea.