El Tour de Francia Femmes avec Zwift cambió por completo de escenario en su tercera etapa. Después de dos jornadas dominadas por las velocistas, la montaña comenzó a marcar diferencias y confirmó una de las grandes verdades del ciclismo: un Tour no se gana únicamente con velocidad, sino con resistencia, inteligencia táctica y capacidad para responder cuando la carretera se inclina.
La etapa, catalogada como de media montaña, presentó cuatro puertos categorizados y cerca de 2,500 metros de desnivel positivo, suficiente para seleccionar al grupo de favoritas. Desde el primer ascenso al Col de la Faucille, la líder Lorena Wiebes evidenció las limitaciones naturales de una especialista en el sprint. La neerlandesa, vencedora de las dos primeras etapas, cedió contacto desde los primeros kilómetros y prácticamente entregó el maillot amarillo en la primera gran dificultad del recorrido.
Con temperaturas superiores a 36 grados centígrados, el calor volvió a convertirse en un rival más. La hidratación, la administración del esfuerzo y la capacidad para mantener la potencia durante largos ascensos fueron factores determinantes en una jornada que elevó considerablemente el nivel de exigencia física.
La gran protagonista fue la noruega Sigrid Haugset, del UNO-X Mobility, campeona nacional de Noruega, quien realizó una exhibición de valentía y fortaleza. Lanzó su ataque cuando todavía restaban 88.5 kilómetros para la meta, una decisión que pocos se habrían atrevido a tomar. Pedaleó completamente sola, soportando durante gran parte del recorrido el viento de frente y administrando perfectamente su esfuerzo para convertirse en la autora de la fuga más larga y exitosa en la historia del Tour de Francia Femmes avec Zwift.
Detrás de ella también destacó Lotte Kopecky, excampeona del mundo, quien intentó igualmente una ofensiva individual para recuperar tiempo en la clasificación general. Sin embargo, Haugset fue imparable y cruzó la meta en solitario para enfundarse el maillot amarillo. Kopecky terminó segunda, mientras que Marianne Vos encabezó el grupo perseguidor en la tercera posición, a 2 minutos y 48 segundos de la vencedora.
Desde un punto de vista táctico, la etapa dejó una enseñanza importante. En recorridos de montaña no siempre gana la corredora más fuerte sobre el papel, sino quien sabe elegir el momento exacto para atacar y administrar sus energías. Haugset aprovechó que las principales favoritas aún se vigilaban entre sí y convirtió esa falta de reacción en una ventaja que nunca permitió reducir.
Para México, Romina Hinojosa concluyó la etapa en la posición 85, a 20 minutos y 19 segundos de la ganadora. Se mantiene en el lugar 138 de la clasificación general, pero más allá del resultado, continúa acumulando una experiencia invaluable en la carrera más importante del ciclismo femenino mundial. Adaptarse al ritmo, a la intensidad y a la enorme exigencia física del Tour requiere tiempo, y cada jornada representa un aprendizaje que fortalecerá su desarrollo como corredora.
Ahora la atención se traslada a la contrarreloj individual de Dijon, de 21 kilómetros, donde las aspirantes al título tendrán una nueva oportunidad para marcar diferencias. Será una prueba de potencia, aerodinámica y precisión, en la que cada segundo contará y donde comenzará a perfilarse con mayor claridad quiénes tienen las piernas para pelear por el triunfo final en París.
















