A tan solo 19 días del inicio del Tour de Francia 2026, tengo la convicción de que el mexicano Isaac del Toro llegará a la máxima cita del ciclismo mundial en condiciones de consolidar el extraordinario reinado que ha venido construyendo en las carreteras europeas.
Y cuando hablo de consolidar su reinado, no me refiero únicamente a la posibilidad de ganar el Tour de Francia. También hablo de la enorme responsabilidad que tiene dentro del UAE Team Emirates XRG para ayudar a su compañero y amigo, Tadej Pogacar, a conquistar su quinto título en la Grande Boucle. En el ciclismo moderno, el liderazgo se demuestra tanto ganando como contribuyendo al éxito colectivo, y en ambos aspectos Isaac ha demostrado una madurez extraordinaria.
El ensenadense llega a esta temporada después de haber conquistado Italia el año pasado y de firmar un 2026 espectacular. Prácticamente cada carrera en la que tomó la salida lo tuvo como protagonista. Dominó en los Emiratos Árabes Unidos con actuaciones de enorme categoría, conquistó la Tirreno-Adriático y se convirtió en el auténtico Rey de los Dos Mares.
Su progresión parecía imparable hasta que una seria lesión sufrida en la Vuelta al País Vasco interrumpió momentáneamente su desarrollo deportivo. Sin embargo, lejos de convertirse en un obstáculo definitivo, aquel episodio terminó mostrando una de las principales virtudes del mexicano: su capacidad de recuperación física y mental.
Dos meses después reapareció en los Alpes franceses, precisamente en las montañas donde este año se decidirá gran parte del Tour de Francia. Allí volvió a exhibir su calidad. Ganó en el Grand Colombier y dejó claro que su talento permanece intacto.
Pero quizá la declaración más reveladora de Isaac llegó después de aquella victoria. Lejos de mostrarse triunfalista o arrogante, reconoció que todavía no se encontraba en su mejor condición física. Para muchos podría parecer una contradicción ganar una etapa tan exigente y afirmar algo así. Sin embargo, desde una perspectiva técnica, esa afirmación encierra una gran noticia.
Las grandes vueltas de tres semanas no las gana quien alcanza su pico de forma demasiado pronto. Muchas veces los corredores que llegan al máximo de su rendimiento en junio terminan pagando el esfuerzo durante la tercera semana de julio. Isaac, por el contrario, parece estar siguiendo una planificación perfecta, creciendo gradualmente y reservando su mejor versión para cuando realmente importa.
Además, sus palabras reflejan otra característica fundamental de los grandes campeones: el respeto por sus rivales. No intentó minimizar el trabajo de corredores como el francés Paul Seixas ni atribuirse una superioridad absoluta. Habló con serenidad, con modestia y con la disciplina que caracteriza a los atletas verdaderamente grandes.
Y la mejor prueba de ello llegó apenas un día después, cuando volvió a mostrarse competitivo en la última etapa del Dauphiné, confirmando que su evolución seguía una línea ascendente.
La expectativa alrededor de Isaac del Toro es enorme. Seguramente entregará todo lo que tiene para respaldar las aspiraciones de Pogacar, porque ha demostrado ser un compañero leal y solidario. Sin embargo, después de observar su rendimiento en el cierre del Dauphiné, resulta difícil imaginar que el equipo no le otorgue libertad para pelear posiciones de privilegio en la clasificación general.
Por eso considero que este Tour de Francia puede marcar un antes y un después en la historia del ciclismo mexicano. No solamente por los resultados que pueda obtener, sino por la forma en que ha llegado hasta aquí: con trabajo, humildad, disciplina y una capacidad competitiva que parece no tener techo.
Y como lo he sostenido en repetidas ocasiones, Isaac del Toro está destinado a no dejar dudas sobre su lugar en la historia. Con apenas dos temporadas en el profesionalismo ya acumula logros que ningún otro ciclista mexicano ha conseguido. Lo que estamos viendo no es únicamente la consolidación de una estrella; estamos presenciando la construcción de una leyenda.
Francia espera. El Tour está por comenzar. Y todo indica que el Torito de Ensenada está listo para volver a embestir.
















