El homenaje realizado por Charros de Jalisco a Don Guillermo Cosío Vidaurri durante el reciente encuentro frente a Sultanes de Monterrey sirvió para recordar algo que con demasiada frecuencia pasa inadvertido: detrás de cada estadio lleno, cada franquicia consolidada, cada academia exitosa y cada generación de peloteros existe siempre un grupo relativamente pequeño de personas que decidieron apostar por el beisbol cuando hacerlo no parecía particularmente rentable ni popular.

Porque el crecimiento que hoy vive el beisbol mexicano no apareció por generación espontánea.

Fue construido.

Y sigue siendo construido.

Don Guillermo Cosío Vidaurri pertenece precisamente a esa generación de hombres públicos que entendieron el valor social, formativo y comunitario del deporte. Alcalde de Guadalajara, gobernador de Jalisco y servidor público en múltiples responsabilidades, siempre mantuvo una cercanía especial con el beisbol. Hasta sus últimos días acompañó a sus queridos Charros y respaldó múltiples iniciativas relacionadas con el desarrollo deportivo.

Pero la reflexión va mucho más allá de una sola persona.

La historia moderna del beisbol mexicano está llena de nombres que decidieron invertir tiempo, recursos, prestigio y esfuerzo en favor del juego.

Resulta imposible hablar del crecimiento contemporáneo del béisbol sin reconocer el trabajo de Alfredo Harp Helú. Lo realizado con Diablos Rojos del México, el estadio Alfredo Harp Helú y la consolidación de una de las organizaciones más modernas del continente constituye probablemente uno de los mayores aportes privados al deporte mexicano de las últimas décadas.

Tampoco puede omitirse el papel desempeñado por Carlos Peralta y la histórica Academia Pastejé, que durante años se convirtió en una auténtica fábrica de talento para el béeisbol nacional. Generaciones completas de jugadores encontraron ahí oportunidades de desarrollo que difícilmente habrían tenido por otras vías.

La lista también incluye a dirigentes como José Maiz, Roberto Mansur y numerosos impulsores históricos de organizaciones profesionales que comprendieron que el beisbol podía convertirse en mucho más que un simple espectáculo deportivo. En años más recientes también deben reconocerse los esfuerzos de personas como Carlos Bremer, quien desde distintos ámbitos respaldó proyectos deportivos y juveniles, o incluso la participación de empresarios como Carlos Slim en diversas iniciativas de infraestructura y promoción deportiva que terminaron beneficiando indirectamente al ecosistema deportivo nacional.

Y aunque el resultado final estuvo lejos de alcanzar las expectativas que muchos imaginaron, también sería injusto negar que durante la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador existió un intento por colocar nuevamente al beisbol dentro de la conversación nacional mediante PROBEIS. El proyecto no logró consolidarse como sistema permanente ni resolver los problemas estructurales del desarrollo deportivo, pero al menos colocó sobre la mesa un debate que durante años había permanecido prácticamente olvidado. Del mismo modo, resulta justo reconocer que distintos órdenes de gobierno, incluida la administración encabezada por Claudia Sheinbaum, han mantenido respaldo a diversas expresiones deportivas que permiten que el beisbol siga encontrando espacios para crecer.

Jalisco representa quizá uno de los mejores ejemplos de cómo el crecimiento del beisbol nunca ocurre por casualidad. Durante décadas, en una entidad considerada la gran catedral del futbol mexicano, hubo hombres que decidieron apostar por el rey de los deportes cuando hacerlo parecía una empresa contracorriente. Ahí aparecen nombres como José Guillermo Cosío Gaona, Álvaro Lebrija, Adalberto Ortega Solís, Salvador Quirarte y otros empresarios, dirigentes y promotores que durante años respaldaron equipos, impulsaron proyectos, fortalecieron ligas y ayudaron a mantener viva una afición que hoy encuentra continuidad en el trabajo realizado por la familia González Íñigo y por Íñigo González Covarrubias, quienes junto con otros actores han contribuido a consolidar el actual momento que vive Charros de Jalisco.

Sin embargo, quizá los mayores héroes silenciosos continúan estando lejos de los reflectores. Ahí aparecen entrenadores anónimos, dirigentes de ligas infantiles, asociaciones civiles, promotores regionales, buscadores de talento, ligas amateurs y agrupaciones de aficionados como la Peña Beisbolera de Jalisco Los Peloteros, la Peña Beisbolera de Ensenada y muchas otras organizaciones similares en Sonora, Sinaloa, Baja California, Veracruz y distintas regiones del país.

Son ellos quienes mantienen viva la llama cotidiana del beisbol.

Porque los estadios llenos son la parte visible.

La verdadera construcción ocurre mucho antes.

Ocurre en los campos infantiles.

En las ligas barriales.

En las academias.

En los torneos regionales.

En los promotores que consiguen apoyos.

En los empresarios que arriesgan recursos.

En los aficionados que sostienen la cultura beisbolera generación tras generación.

Precisamente por eso adquieren especial relevancia homenajes como el realizado a Don Guillermo Cosío Vidaurri. Porque el beisbol mexicano suele reconocer con justicia a sus grandes peloteros, pero con demasiada frecuencia olvida a quienes ayudaron a crear las condiciones para que esos peloteros existieran. Empresarios, promotores, dirigentes, patrocinadores, benefactores y visionarios que apostaron por el juego cuando todavía no generaba las audiencias, los llenos o el interés mediático que hoy observamos.

Quizá ha llegado el momento de que todas las organizaciones profesionales del país revisen su propia historia e identifiquen a esos constructores silenciosos que ayudaron a levantar estadios, sostener franquicias, impulsar academias, apoyar ligas infantiles o rescatar proyectos deportivos. Reconocerlos no solamente honra el pasado; también inspira el futuro. Y por qué no, algunos de ellos incluso merecerían ser considerados para ingresar al Salón de la Fama del Beisbol Mexicano.

Porque los campeones levantan trofeos, los ídolos llenan estadios y los peloteros escriben estadísticas.

Pero detrás de todos ellos casi siempre existe alguien que creyó, invirtió y trabajó cuando todavía nadie más estaba dispuesto a hacerlo.

Si hoy el beisbol mexicano vive uno de los mejores momentos de su historia reciente, buena parte del mérito también pertenece a esos constructores que pocas veces aparecen en la fotografía, pero sin los cuales la fotografía simplemente no existiría.

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