Este domingo se vivió una final dirigida por dos técnicos mexicanos, algo que no ocurría desde aquella final del Clausura 2013. El contexto actual enfrentaba a dos equipos que en el partido de ida habían protagonizado un encuentro cerrado, con un empate 0-0 que dejaba completamente abierta la serie. Además, el hecho de disputar la vuelta en Ciudad Universitaria hacía pensar en un panorama complicado para Cruz Azul.

Desde el inicio del encuentro quedó claro que sería una final de mucha tensión táctica, las defensas de ambos equipos se mostraban cerradas, ordenadas y con pocos espacios. Las jugadas llegaban al último cuarto de cancha, pero rara vez terminaban de buena forma. Durante gran parte del primer tiempo el partido parecía jugarse más desde el error que desde la creatividad, hasta que llegó el minuto 31.

Tras un rebote derivado de una jugada de Antuna, Robert Morales encontró el balón dentro del área y abrió el marcador para Pumas. El gol no solo encendió Ciudad Universitaria; también modificó completamente el escenario emocional de la final. Cruz Azul estaba obligado a reaccionar en un entorno adverso y frente a un equipo que parecía tomar impulso anímico conforme avanzaban los minutos.

Sin embargo, el conjunto celeste mostró algo que suelen tener los equipos campeones: estabilidad.

Lejos de desordenarse o perder claridad, Cruz Azul entendió que la final todavía era larga. Y conforme avanzó el partido, comenzaron a aparecer factores que terminaron inclinando la serie. El primero fue el desgaste físico y emocional de Pumas.

La intensidad con la que jugó el primer tiempo comenzó a pasar factura. La lesión de Carrasquilla afectó más de lo esperado el funcionamiento universitario y los cambios ya no consiguieron mantener el mismo nivel competitivo. El equipo empezó a perder presión, recuperación y claridad en salida. Poco a poco, Pumas comenzó a verse desfondado.

Cruz Azul, en cambio, encontró respuestas desde la banca y desde el manejo del partido.

El empate en el segundo tiempo cambió completamente el ritmo de la final. A partir de ahí, los celestes comenzaron a controlar mejor los tiempos, mientras Pumas empezó a jugar cada vez más condicionado por el desgaste y la presión del resultado y en finales tan cerradas, esos detalles suelen definir campeonatos.

La expulsión de Antuna terminó por abrir los espacios definitivos. Ya en tiempo extra apareció Rotondi, un jugador que hace apenas algunos torneos era señalado como uno de los grandes responsables de la dolorosa eliminación de Cruz Azul en el Clausura 2024, particularmente por los penales cometidos en aquella serie que lo convirtieron, para muchos aficionados, en el “villano” celeste. Incluso se llegó a hablar de una posible salida del club ante las críticas, pero el futbol tiene una capacidad única para cambiar narrativas en cuestión de segundos y esta vez, Rotondi vivió su noche redonda.

El argentino pasó de ser cuestionado a convertirse en el hombre que marcó el gol del campeonato. El 2-1 no solo sentenció la final; también terminó simbolizando algo que muchas veces define a los equipos campeones: la resiliencia. Cruz Azul encontró en uno de sus jugadores más criticados al héroe inesperado de la noche más importante del torneo.

¿Qué se espera para los entrenadores?

Por un lado, Huiqui consiguió algo pocas veces visto: coronarse campeón en su debut como técnico en Liga MX. Un escenario que parecía temporal terminó convirtiéndose en una apuesta ganadora para Cruz Azul. La directiva le prometió continuidad en caso de obtener el campeonato y hoy el panorama parece darle la razón a una decisión que en su momento generó dudas. Huiqui no solo logró ordenar futbolísticamente al equipo; también consiguió transmitir estabilidad emocional en los momentos más complicados de la liguilla.

Del otro lado, Efraín Juárez dejó sensaciones interesantes pese a la derrota. Pumas compitió, incomodó y por momentos logró imponer condiciones. Sin embargo, la final también dejó claro que todavía existen diferencias importantes en cuanto a profundidad de plantilla y manejo de ciertos momentos críticos. Aun así, el trabajo de Juárez no pasa desapercibido. Su capacidad para revitalizar futbolísticamente al equipo y por momentos ilusionando con emular lo conseguido con Atletico Nacional, no por nada le comenzaron a denominar el Ancelotti mexicano.

Porque más allá del resultado, esta final también dejó una sensación positiva para el futbol mexicano: dos técnicos nacionales disputando un campeonato, dos proyectos con identidad y dos equipos que demostraron competir desde propuestas distintas.

Al final, mientras el reloj consumía los últimos segundos en Ciudad Universitaria, comenzó algo que la afición de Cruz Azul había esperado volver a vivir: una noche de celebración.

¡Felicidades a Cruz Azul y a toda su afición!, que después de una final intensa y llena de momentos complicados, hoy vuelve a celebrar un campeonato más para su historia, la gloria volvió a pintarse de azul.

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