No sé si mi percepción es errónea o si solo es parte de mi cada vez menor capacidad de asombrarme ante un evento internacional que cada edición parece hacer peor las cosas futbolísticamente en aras de un aprovechamiento económico, pero no siento en una significativa parte de la sociedad mexicana ese “gran ambiente futbolista” que debería estar vibrando por el Mundial de futbol soccer que se celebrará en próximos días en nuestro país y sus vecinas naciones del norte.
Ojo, no estoy demeritando per se todo lo que se ha venido realizando gubernamentalmente a nivel federal y en las entidades federativas que tendrán partido y en los estados vecinos en pro de que nuestro querido México sea parte de ese exclusivo club de naciones que han logrado ser sede de la justa deportiva más vista en todo el planeta, y que nuestra patria puede presumir que sería su tercera ocasión en albergar una World Cup, pero más allá de ver a una multitud de coleccionistas de todas las edades del álbum de Panini (que dicho sea de paso, cada vez está más caro), no percibo ese frenesí generalizado del cual debiéramos ser parte.
Aunado a lo antes descrito, se le suma a ese desdén una ola de críticas hacia el gobierno de la república por supuestamente soslayar —las cosas importantes— por atender cuestiones que tienen que ver con la organización y logística de la Copa del Mundo. Algo de razón hay en esa acusación; sin embargo, y puntualizo en ello, buena parte de esas aseveraciones son críticas oportunistas y maliciosas de la oposición que han cobrado cierta relevancia en diversos medios y, por ende, han permeado en la opinión pública, quitándole el foco a verdaderas causas legítimas y de real importancia social que no han alcanzado esa popularidad, como por ejemplo la lucha contra el grupo delictivo conocido como: Los Ardillos en el estado de Guerrero.
Entre todo ese ajetreo, polarización y desaire por el Mundial, reflexioné acerca de una pregunta que ha rondado en mi cabeza al ver tal situación desde hace varios meses: ¿si era válido boicotear el Mundial por una “causa justa”? Considero que sí, siempre y cuando sea por una situación urgente y legítima; si no es así, debiera existir cuando menos una tregua que permita que fluya de la mejor forma un evento de tal magnitud, porque arruinar deliberadamente por un interés partidista esta Copa del Mundo no es un boicot al gobierno que encabeza la presidenta Claudia, sino a la nación y a su gente.
Lo que sí es relevante y necesario que siga su camino hasta que encuentre la justicia que necesita a pesar de la Copa, y en ese mismo orden de ideas, lo que no lo es que espere un poco, porque considero que uno de los factores de ese desdén hacia el Mundial recae precisamente en todo lo que se ha hecho por boicotear de alguna u otra forma la participación de México en esta competencia como sede. Si la nación aspira a ser mejor, invariablemente requiere de una oposición vigorosa, pero no necesita de de la política que sólo estén buscando hacer leña del árbol caído. ¡Nos leemos pronto!
















