El escándalo de las evidentes trampas y arbitrajes a modo a favor de la Selección de Argentina ya es de proporciones inmanejables. Si bien no es algo nuevo (esto viene desde el Mundial de Brasil 2014), la afición, en una gran mayoría, abrió los ojos ante los evidentes robos a las selecciones de Cabo Verde y, sobre todo, a la de Egipto. Hay ya trascendidos de parte de medios de comunicación serios acerca de operaciones de lavado de activos en su propio país, los Estados Unidos, mismo que ha dado todo para ser una sede ejemplar del máximo torneo deportivo del mundo, el campeonato mundial de futbol.
Yo recuerdo aún aquella enfermera estadounidense que entró hasta la cancha por Maradona (Mundial de 1994) para efectuar el examen antidopaje, mismo que (tristemente) dio positivo. Al final del día, al expulsar al futbolista del torneo, ni más ni menos, ante esto, todo el país (los Estados Unidos) quedó ante el resto del mundo como uno en donde no se toleran los actos deshonestos. Bien.
Hoy, la gente en todo el mundo habla, habla incluso de más, asegura que al presidente de los Estados Unidos de América, el presidente de FIFA (Infantino) “compró a Trump con un premio por la paz”; eso, a todas luces, es absurdo. Un presidente de la nación más poderosa de la Tierra no se va a vender, bajo ninguna circunstancia, por un pedazo de metal dorado, al tiempo de cargar con inmensas e inimaginables responsabilidades, que, obvio, no siempre a todos gustan (así es la profesión de la política).
Espero que las (gravísimas) versiones y que la información haya llegado a miles de millones de personas en el mundo no acaben gozando de una impunidad total. Eso dejaría la reputación de los Estados Unidos muy comprometida ante el resto del mundo. Que vuelva su país a ser una imagen de justicia y juego limpio, justo lo opuesto a ensuciar a los Estados Unidos y al deporte en general, que es lo que precisamente están haciendo los bandidos argentinos de la AFA y el presidente de la FIFA, el impresentable Gianni Infantino, y toda la mafia que lo circunda. El balón está, pues, en la cancha del FBI, y el mundo espera ansioso la mínima justicia para esos delincuentes.
















