Ante cualquier duda, el arbitraje del Mundial, con todo su bagaje (excesivo, rayando en lo ridículo) de tecnología, las decisiones arbitrales siempre favorecen a las grandes potencias futbolísticas, las que dejan más dinero; lo han sufrido ya Argelia, Noruega, Marruecos, Cabo Verde, Egipto y otras selecciones de poco valor “marketinero”, a juicio del gitano Gianni Infantino.

La dichosa tecnología ha favorecido, de todas, todas, a selecciones que ya han sido campeonas del mundo; imposible, pues, un escenario de un caballo negro de la competencia. Ni con el tremendo e inédito escándalo mundial por las (más que evidentes) ayudas a la Argentina, y no solo en el presente Mundial.

Imposible ver un caso del tipo Grecia, campeón de la Eurocopa en 2004; en los hechos, la mayoría de las selecciones en este Mundial solo son utilizadas para ser paleros involuntarios de una grosera (y dolorosa para millones) farsa, misma que, por cierto, ha trascendido, ya es investigada tanto por medios periodísticos serios como por autoridades del tamaño del FBI. Vamos, es tan, pero tan evidente todo lo anterior expuesto, que las cuatro selecciones en semifinales son, ni más ni menos, que las cuatro mejor ranqueadas a nivel mundial por la FIFA. ¿Así o más claro?

Ojalá, pues, que el señor Infantino deje pronto la FIFA, ya que bajo el timón de él, el futbol a nivel de selecciones va derechito a su última morada.