Terminar el Tour de France Femmes avec Zwift 2026 representa mucho más que cruzar una línea de meta para Romina Hinojosa. Es la culminación de años de disciplina, sacrificios familiares y kilómetros recorridos desde aquellas primeras salidas en bicicleta de montaña hasta enfrentarse al pelotón más importante del ciclismo femenino mundial en carretera.
Conozco a Diego, padre de Romina, desde hace por lo menos 11 años. Recuerdo cuando acompañaba a su hija a sus primeras rodadas de montaña, cuando todo comenzaba como una ilusión deportiva y todavía parecía muy lejano imaginarla algún día disputando el Tour de Francia.
Por eso, escuchar hoy su reflexión tiene un significado especial. Diego conoce como pocos lo que existe detrás de este resultado: entrenamientos, viajes, sacrificios y una disciplina que fue construyendo poco a poco a la ciclista que hoy compite al máximo nivel.
Después de verla completar un Tour extremadamente exigente, su padre reconoce que la experiencia también dejó una enseñanza importante.
“El entrenamiento, a pesar de que es buenísimo, le hizo darse cuenta de que para llegar a estos niveles necesita todavía un entrenamiento más intenso. Lo que sí tiene ya en el nivel máximo es la disciplina; esa sí está a tope”, señala.
Y probablemente ahí se encuentre una de las principales conclusiones de la participación de Romina.
El Tour no solamente mide piernas. Mide capacidad de recuperación, resistencia acumulada, alimentación, estrategia, adaptación al calor, fortaleza mental y, sobre todo, la capacidad de soportar esfuerzos de máxima intensidad durante varios días consecutivos frente a las mejores ciclistas del planeta.
Para una debutante, terminar una carrera de esta magnitud proporciona información invaluable para continuar su desarrollo.
Diego incluso se atreve a mirar hacia adelante: “Yo creo que Romina sí puede llegar a estar en el Top 20 próximamente y de ahí seguir buscando mejores lugares”.
No parece una meta sencilla, porque hablar de un Top 20 en el Tour de France Femmes significa competir directamente contra la élite mundial. Pero precisamente el Tour 2026 le permitió a Romina conocer la distancia que existe entre su nivel actual y ese objetivo.
Ahora tiene algo que antes no tenía: la experiencia de haber vivido el Tour desde dentro.
Sabe cómo se mueve el pelotón, cómo se corre bajo presión, cuánto cuesta recuperar después de una jornada extrema y qué nivel físico se necesita cuando la carretera comienza a inclinarse y las grandes figuras aceleran.
Pero existe algo todavía más importante que cualquier dato de potencia: la disciplina de la que habla su padre.
El talento puede abrir puertas; la disciplina permite permanecer cuando esas puertas conducen al ciclismo de máxima exigencia.
Hace más de una década, Diego acompañaba a una niña que comenzaba a descubrir el ciclismo sobre una bicicleta de montaña. En 2026 pudo verla terminar el Tour de France Femmes.
Entre aquellas primeras pedaladas y este Tour existen miles de kilómetros, innumerables horas de entrenamiento y una familia que nunca dejó de acompañarla.
Romina Hinojosa ya hizo historia.
Ahora comienza otro desafío: demostrar hasta dónde puede llegar.

















