Ayer me cuestionaron sobre los antis y por qué yo no tenía predilección por un equipo, y me dio tiempo para el análisis e interiorización de un concepto que ha vivido conmigo desde hace mucho tiempo. Les cuento más o menos mi historia y cómo ha sido que me he convertido en un anti. Tal vez mi historia es parecida a la de usted o no tiene nada que ver; la idea es ver cómo empezó esto.
Mi papá siempre ha sido más aficionado al beisbol que al futbol. Como buen neoleonés de los de antaño, siempre he visto que le gusta más ver un juego de los Yankees que uno de futbol. De mi historia, por mis amigos y vecinos, me hice más futbolero, pero el día que se marcó mi afición fue cuando mi papá me llevó al primer partido de futbol (y no de beisbol) de mi vida. Recuerdo a lo lejos que fue un partido Monterrey-Veracruz en el antiguo estadio del Tec. El marcador fue un uno a cero que hizo que, regresando a casa, le marcara a mi abuelo, que vivía en Veracruz, diciéndole que habíamos ganado. Con los años me di cuenta de que a mi abuelo le valían los deportes, pero el recuerdo de cantarle la victoria a alguien y el surgimiento de mi pasión por un equipo empezaron ahí.
Mi papá no era un gran aficionado al futbol, por lo que los campeonatos de los Tigres me pasaron en blanco, y no fue hasta el 86 cuando la pasión por el juego de pelota volvió. Todo mundo estaba con el uno, uno, uno del campeonato. No recuerdo a gente que le fuera a otro equipo, y Monterrey, en ese verano de 1986, quedaba campeón por primera vez en su larga y trágica historia. Hasta ahí no había nacido el sentimiento anti.
Pasan los años, empiezo a jugar futbol con mis amigos y el gusto por jugarlo me llevó al gusto por verlo. Y al verlo empiezas a perder la inocencia de niño y comienzan a aparecer quienes empiezan a criticar a tu equipo y a decir que el de ellos es mejor que el tuyo. Aparecieron los Tigres y los clásicos, que en esas épocas eran el mejor juego de la temporada, pues ninguno de los dos equipos ganaba algo más. Y con las derrotas de los Tigres se empezó a alimentar el sentimiento anti. Comentarios como: “Pues tú habrás ganado el clásico, pero yo he ganado dos campeonatos en torneo largo; tengo más campeonatos que tú”.
Empieza el sentimiento anti hacia otro equipo porque la ciudad te lo da. Eres Tigre o Rayado, la primera pregunta de casi todos los encuentros sociales con gente de Monterrey. El juego del anti puede ser tan constructor como destructor de amistades y relaciones; todo depende de qué tan en serio y qué tan castrante pueda ser alguna de las partes. Tengo muy buenos amigos y familiares que le van a Tigres y no es que nos odiemos, pero sí nos molestamos con cariño cuando alguno de los dos equipos pierde un campeonato, un clásico o tiene una mala racha, como la que está teniendo Rayados ahora.
Hay gente que lleva el sentimiento de anti hacia extremos realmente peligrosos que rayan en el desequilibrio mental. Gente que se pelea porque ganó o perdió su equipo. Gente que se burla pasándose de la raya por un resultado o personas que juzgan tus aciertos o errores por el equipo al que le vas.
Ayer vi el juego de la Concachampions, Toluca contra Tigres, con un grupo de personas que le iban a Tigres. Alguien me preguntó: “¿Ahora sí le vas a los Tigres?” y les dije que no. No le puedo ir a los Tigres porque es un equipo que no me gusta, como a muchos de los que estaban viendo el partido no les gusta Rayados. La segunda pregunta fue: “¿Entonces no quieres que la copa de campeón se quede en la ciudad?”, típico cuestionamiento para sacar el sentimiento anti de cualquiera. Y de ahí pasamos a los cuestionamientos y juicios: “Entonces, si no le vas a Tigres y quieres que pierda, tienes un problema porque no puedes desear que alguien pierda”.
La vida me ha enseñado a no discutir con gente que está en un nivel de apasionamiento del que no está conmigo está contra mí. Evité discutir porque ahí iba a salir algo como que estoy mal de la cabeza y que, siendo regio, cómo le puedo ir a un equipo que no sea de la ciudad.
Después vi cómo le iban a los Tigres en la reunión. Pasaron de la tristeza a la euforia y de nuevo a la tristeza. No disfruté, al menos en ese momento, la derrota de los Tigres porque vi cómo les afectaba a personas que quiero y respeto. Vi la cara de decepción después de haber estado eufóricos unos minutos antes, y eso es lo que da el futbol. Nunca me sentí triste porque no ganaron los Tigres; me sentí mal por las personas que le iban a los Tigres y estaban pasando un mal momento.
Mi sentimiento anti-Tigre no tiene que ver con las personas; nunca ha sido así. Siempre ha sido contra el equipo, nunca contra los aficionados. Y no, no soy menos anti-Tigre. Después de que nos fuimos de la reunión, que se terminó justo cuando los Tigres no levantaron la Copa, me puse a pensar y evaluar el sentimiento, sobre todo después de que alguien me dijo que eso era un sentimiento enfermo. Esa misma persona le dijo a un niño que le iba al Toluca que Tigres tenía más campeonatos que el Toluca en el tiempo que tenía de existencia en el planeta.
Dejé de pensar un poco en mi familia afectada por el resultado y empecé a ver memes y reacciones. Vi a Nahuel Guzmán enfrentando a un comentarista porque el comentarista es abiertamente Rayado. Vi la frustración de Angelito Correa cuando fue a agredir al Pollo Briseño. Ahí vi que esos sí son antis y que hay muchos malos perdedores.
Soy anti-Tigre, anti-Red Sox y anti-Barcelona. No le puedo ir a los equipos que son la antítesis de aquellos a los que siempre les he ido. Es parte del futbol. Igual tengo amigos que son anti-Rayados y no dejan de ser mis amigos.
Y me da gusto que haya ganado el Toluca porque está Tony Mohamed, que siempre ha querido a mis Rayados. Lo dijo en la rueda de prensa y culminó con la famosa frase: “Soy Antonio y ustedes saben qué sigue”. Todos los Rayados sabemos que la frase es: “Soy Antonio y soy Rayado”.
¡Ánimo!
PD. ¿Ahora la Concachampions valdrá o no valdrá?
















