Las y los intelectuales mexicanos y de otras partes del mundo en su vasta mayoría han mostrado un (exagerado) desdén y hasta animadversión por el football soccer, situación que no ha erosionado la gran afición mundial por dicho deporte, pues se estima que tiene una audiencia global de 3,500 millones de aficionados, considerándole así como el rey de los deportes. Porque si bien es cierto que no es la mayor justa deportiva en el planeta, ya que esa corresponde a los Juegos Olímpicos, los datos muestran que el deporte más practicado y el más visto en diferentes medios, pese a quien le pese, es el fútbol.

Sin embargo, ¿de dónde viene esa —molestia intelectual— hacia el soccer? Mucha parte del principio o noción de que el futbol se convirtió de cierta forma en un distractor, religión y hasta una droga de las clases obreras (o dominadas), es decir, su papel como catalizador del enojo y frustración social hace que sea un narcótico perfecto para aliviar de forma temporal el malestar de la sociedad, así como un distractor ideal para que cada fin de semana se desvíe la atención de las cosas importantes de la polis… o hasta para fragmentar la unión del proletariado encontrando una bandera casi religiosa para estar enemistado con el rival y no con el sistema opresor. Bajo esa lógica operaban y operan en su mayoría las justificaciones de las y los doctos para vituperar al balompié.

Uno de los principales intelectuales en México que luchó y pugna fuertemente contra esa corriente es Luis Villoro, dejando en claro desde su labor como escritor y periodista que el futbol se ha convertido en un fenómeno social de proporciones descomunales que tiene diversas implicaciones en las esferas de lo político, lo social, lo cultural y en lo económico, y que reducir su rol a un mero tema de opioide del pueblo es un grave error en el que caen de manera común mucha de la casta intelectual, que además deja entrever desde mi perspectiva su clasismo al señalar (casi) siempre como un deporte de los y para los pobres.

Considero que dicho clasismo deportivo es sustentado principalmente en falacias y prejuicios supuestamente sustentados, en el mejor de los casos, en esa conjeturada intelectualidad que jerarquiza los deportes con base en una supremacía económica y hasta cultural. En muchas conversaciones me tocó coincidir en que se le asocia y estigmatiza al futbol como un deporte inferior en correlación con otros deportes como el futbol americano, el golf o el tenis. Su origen sí se remonta a un juego para obreros, por eso el número tan alto de participantes y la facilidad en sus reglas para que fuera una competencia que no requiriera de una instrucción mayor de manera previa, pero dicen que origen no es destino, y hoy el soccer es de los deportes que más factura, siendo una industria altamente rentable.

La lucha por desestigmatizar al soccer todavía considero que es bastante larga y tormentosa, aunque creo fervientemente que al futbol, dentro de su gran belleza deportiva, poco le importa si es el número uno del pódium en el gusto de la intelectualidad nacional e internacional. Sigue rodando la bola y creciendo su gusto por ella con o sin los eruditos que le avalan, y aunque este debate pareciera rebasado en pleno siglo XXI, la verdad es que con la llegada del Mundial se multiplican y salen casi de las cloacas los sabios que disfrazan su hate, ignorancia y clasismo de comentarios en contra del futbol. ¡Nos leemos pronto!