En la organización de grandes ligas (Major League Baseball, MLB) suele sostenerse una idea que suena incuestionable: el talento encuentra su lugar. Que quien tiene nivel, regresa. Que el rendimiento termina imponiéndose. Pero la realidad no siempre confirma ese principio. Porque hay casos que obligan a mirar más de cerca. No para justificar conductas ni para minimizar errores, sino para analizar cómo se aplican los criterios. Y, sobre todo, si se aplican igual para todos.
El caso de Julio Urías es, en muchos sentidos, paradigmático. Un lanzador que no sólo alcanzó la élite, sino que fue pieza determinante en un campeonato y se consolidó como uno de los brazos más confiables de los Dodgers de Los Ángeles. Cumplió una suspensión larga, asumió las consecuencias de un episodio extradeportivo y, aun así, hoy permanece fuera del sistema, sin una ruta clara de retorno. Se sabe, además, que Urías —aún joven— sigue entrenando, preparándose y anhelando una nueva oportunidad. Incluso en México, de manera que para muchos resulta difícil de explicar, esa puerta tampoco se ha abierto. Aquí no se trata de negar lo ocurrido. Se trata de una pregunta directa: cuando un pelotero cumple la sanción impuesta por la propia MLB, ¿qué sigue? Porque en los hechos, el caso Urías evidencia que, al menos en su situación, no ha existido disposición de los Dodgers para explorar su regreso, ni tampoco señales claras desde otras organizaciones. Más allá del rendimiento, más allá de la necesidad de pitcheo que siempre existe en la liga, la puerta permanece cerrada.
El caso de Roberto Osuna abre otra arista, quizá aún más difícil de explicar. Su problema ocurrió cuando pertenecía a Toronto. No hubo una resolución judicial definitiva, pero sí una sanción impuesta por Major League Baseball (MLB), que cumplió en su totalidad. Posteriormente, recibió la oportunidad en Houston, donde no sólo regresó: dominó. Fue All-Star, fue campeón de Serie Mundial y se consolidó como uno de los cerradores más confiables del béisbol. Y sin embargo, al terminar su contrato, el escenario cambió por completo. Sin una explicación deportiva evidente, sin una caída en su rendimiento que lo justificara, Osuna quedó fuera del sistema de Grandes Ligas. No por falta de nivel. No por ausencia de resultados. Simplemente dejó de ser considerado. Y la percepción que ha quedado es incómoda: que Houston, la organización donde volvió a triunfar, nunca terminó de respaldar plenamente su continuidad, y que ese silencio se extendió al resto de la liga. Ante ese panorama, Osuna tomó otro camino: decidió ir a Japón, donde está volviendo a demostrar su calidad y su vigencia en el montículo, pero con el anhelo evidente de regresar algún día a la MLB.
Dos casos distintos. Dos trayectorias probadas. Un mismo resultado: la puerta cerrada. Y entonces la pregunta deja de ser individual. Porque la historia reciente de la MLB muestra que existen jugadores que, tras situaciones complejas —incluso más graves— han encontrado camino de regreso. Con tiempos distintos. Con tratamientos distintos. Con oportunidades que no siempre parecen responder a un mismo estándar. No se trata de defender a uno u otro pelotero. Se trata de cuestionar si el sistema es consistente. ¿Qué debe hacer un jugador para volver? ¿Cumplir una sanción es suficiente? ¿El rendimiento sigue siendo el criterio principal… o intervienen otros factores que no se dicen?
Esa es la pregunta de fondo. Y también la antesala de otra que merece abordarse con mayor profundidad: ¿quién decide realmente quién regresa y bajo qué criterios en las Grandes Ligas? El béisbol de la MLB es el nivel más alto del mundo. Pero ese nivel no solo se mide en la velocidad de una recta o en la potencia de un batazo. También se mide en la claridad de sus reglas… y en la consistencia de sus decisiones.
Porque si las segundas oportunidades existen, deben existir para todos. Y si no existen bajo los mismos criterios, entonces el problema ya no es el error del pelotero. Es la forma en que se decide quién puede volver… y quién no.
Y en ese terreno, la duda ya no es menor: ¿basta con cumplir… o también hay que tener un influyente que te represente y te empuje?
















