Andrés Muñoz acaba de cruzar una frontera reservada para muy pocos relevistas mexicanos en las Grandes Ligas. El sinaloense conocido como “El Plebe” llegó a los 100 salvamentos y la cifra, importante por sí misma, adquiere otra dimensión cuando se mira quiénes aparecen todavía delante de él: Sergio Romo con 137, Roberto Osuna con 155 y Joakim Soria con 229.
Pero antes de mirar hacia esos nombres conviene detenerse un momento en el protagonista. Andrés Clemente Muñoz nació en Los Mochis, Sinaloa, en enero de 1999. San Diego lo firmó como agente libre internacional cuando apenas tenía 16 años y cuatro años después, todavía con 20, ya estaba lanzando en Grandes Ligas para los Padres. Desde entonces había algo imposible de ignorar: una recta que rondaba y superaba las 100 millas por hora y un brazo capaz de intimidar a prácticamente cualquier bateador. Su ascenso, sin embargo, no fue lineal. En 2020, cuando apenas comenzaba a abrirse camino, sufrió una lesión que obligó a reconstruir el ligamento del codo mediante la famosa cirugía Tommy John. Tenía 21 años y por delante aparecía una de esas encrucijadas que pueden modificar una carrera completa.
Seattle apostó por él aun lesionado. Los Mariners lo adquirieron de San Diego, Muñoz rehabilitó el brazo, regresó y poco a poco dejó de ser simplemente aquel muchacho que lanzaba durísimo para transformarse en uno de los cerradores más dominantes del beisbol. El tiempo terminó dándoles la razón. Se convirtió en All-Star, consolidó su lugar en el bullpen y hoy ya aparece entre los relevistas más importantes de la franquicia. Tiene 27 años, 100 salvamentos y, quizá todavía más importante, parece poseer el carácter y la estabilidad necesarios para entender que ser cerrador no consiste solamente en lanzar a 101 millas.
Porque cerrar juegos requiere algo más. Requiere soportar la soledad de la novena entrada, tener memoria corta para olvidar el salvamento desperdiciado la noche anterior y volver al montículo al día siguiente como si nada hubiera ocurrido. Requiere saber que, cuando recibes la pelota con una carrera de ventaja, prácticamente todo mundo recordará tu fracaso si no consigues los tres outs, pero pocas veces dimensionará la dificultad cuando haces exactamente tu trabajo. Muñoz ha aprendido ese oficio y ahora empieza a caminar por una vereda que otros mexicanos hicieron enorme.
Primero aparece Sergio Romo, el inolvidable “Mechón”, cuya carrera resulta mucho más grande que sus 137 salvamentos. Romo dejó una huella profunda principalmente con los Gigantes de San Francisco y posee algo que ningún otro mexicano puede presumir: tres anillos de Serie Mundial, conquistados en 2010, 2012 y 2014. Fue parte fundamental de aquella extraordinaria generación de San Francisco y su slider quedó convertido prácticamente en marca registrada. En 2012 tuvo incluso el privilegio de ponchar a Miguel Cabrera para consumar el campeonato de los Giants. Romo no fue simplemente un cerrador mexicano exitoso: fue un pelotero de octubre, integrante de una dinastía y protagonista de algunos de los momentos más importantes de una franquicia histórica. Sus 137 rescates son ahora la primera frontera cercana para Muñoz.
Después viene Roberto Osuna. La historia de Osuna es distinta y quizá también una de las más frustrantes. Llegó muy joven a Toronto y se convirtió rápidamente en una figura extraordinaria de los Blue Jays. A los 23 años ya había alcanzado los 100 salvamentos y posteriormente también cerró juegos para Houston. Poseía talento, carácter competitivo y todo para construir números todavía mayores. Pero su trayectoria en MLB quedó severamente marcada por problemas extradeportivos, recibió una larga suspensión y finalmente su camino en las mayores se interrumpió en 2020. Sus 155 salvamentos permanecen ahí como testimonio de lo extraordinariamente rápido que había avanzado y, al mismo tiempo, de una carrera que pudo haber llegado bastante más lejos. Muñoz está a 55 de alcanzarlo.
Y finalmente aparece la gran montaña: Joakim Agustín Soria. “El Mexicutioner”, como llegó a ser conocido en Estados Unidos, construyó durante 14 temporadas una de las carreras más sólidas que haya tenido un relevista mexicano. Kansas City fue su gran casa: ahí consiguió la mayoría de sus 229 salvamentos y se convirtió en uno de los mejores cerradores en la historia de los Royals. Fue dos veces All-Star, superó los 40 salvamentos en más de una temporada y después prolongó su carrera pasando por organizaciones como Rangers, Tigers, Pirates, White Sox, Brewers, Athletics y Diamondbacks. Soria es un icono. Sus 229 salvamentos no representan únicamente talento: representan longevidad, capacidad de adaptación y supervivencia en una posición donde las carreras suelen ser cortas. Durante años fue la referencia obligatoria cuando se hablaba de cerradores mexicanos en Grandes Ligas.
Ésa es la marca que algún día podría perseguir Muñoz. Hoy todavía faltan 129. Parece mucho, y lo es. Pero “El Plebe” tiene algo que vuelve razonable siquiera plantear la posibilidad: tiempo. Si permanece saludable y conserva durante varios años el rol de cerrador, Romo parece perfectamente alcanzable. Osuna también. Soria exigirá otra cosa: varias temporadas de 30, 35 o 40 rescates, mantenerse lejos de lesiones graves y sobrevivir a la volatilidad propia de los bullpens.
Nada de eso puede garantizarse. El beisbol no permite proyectar carreras con una calculadora. Un codo puede cambiarlo todo, y Muñoz lo sabe mejor que muchos porque ya tuvo que reconstruir el suyo. Un hombro, una pérdida de velocidad, un cambio de equipo o simplemente una modificación en la manera de administrar los relevos pueden alterar cualquier pronóstico. Pero hoy existe una posibilidad real. Y ésa es la noticia detrás del número 100.
México ha tenido grandes cerradores y cada uno dejó una historia distinta. Romo representa octubre, personalidad y tres campeonatos con San Francisco. Soria representa excelencia, constancia y longevidad, especialmente vestido de Royal. Osuna representa un talento extraordinario que llegó vertiginosamente a la cima, pero cuya trayectoria en Grandes Ligas terminó interrumpiéndose mucho antes de lo que su calidad hacía imaginar.
Muñoz está escribiendo todavía la suya. Y hasta ahora su perfil invita al optimismo: un muchacho de Los Mochis que fue firmado adolescente, llegó a Grandes Ligas a los 20 años, sufrió una Tommy John cuando apenas comenzaba, reconstruyó su carrera, encontró en Seattle su casa y terminó convertido en uno de los brazos más temidos de la novena entrada. Tiene poder, repertorio, juventud y, hasta ahora, parece tener también los pies bien plantados para soportar todo lo que viene con el éxito.
Por eso celebrar los 100 salvamentos está bien, pero quizá resulte más interesante preguntarnos dónde terminará la cuenta. Romo quedó en 137. Osuna en 155. Soria puso la vara en 229. Muñoz ya tiene 100 y apenas 27 años.
El Plebe ya no viene persiguiendo solamente salvamentos. Empieza a perseguir historia.
Y quizá dentro de algunos años, cuando volvamos a revisar la lista de los grandes cerradores mexicanos en las mayores, ya no nos preguntemos si Andrés Muñoz podía alcanzar a Soria.
Quizá tengamos que preguntarnos quién podrá alcanzar a Muñoz.
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