La presencia de famosos en WWE volverá a tomar protagonismo. Lil Yachty enfrentará al Campeón de Estados Unidos Baron Corbin en Sunday Night’s Main Event, dentro de una historia que puede darle a Trick Williams otra oportunidad por el título.

El uso de celebridades genera críticas entre aficionados que prefieren que los espacios sean ocupados exclusivamente por luchadores. Sin embargo, cuando se analiza el alcance, existen ejemplos donde la estrategia ha funcionado considerablemente.

Los famosos en WWE pueden multiplicar el alcance

El caso más contundente continúa siendo Bad Bunny. Backlash 2023 se convirtió entonces en la edición más vista y con mayor recaudación en la historia del evento. La audiencia aumentó 28% respecto al récord anterior y su lucha contra Damian Priest superó 40 millones de visualizaciones en redes sociales.

IShowSpeed llevó ese efecto todavía más lejos. Su aparición sorpresa en Royal Rumble 2025 terminó con un Spear de Bron Breakker y el video generó más de 300 millones de reproducciones en menos de 24 horas, convirtiéndose en la publicación social más vista en la historia del evento.

El problema aparece cuando los famosos en WWE deben luchar

El alcance no necesariamente garantiza calidad dentro del ring.

Bad Bunny consiguió reconocimiento por su preparación y protagonizó combates completos, mientras Logan Paul terminó convirtiéndose en integrante formal del roster. Casos como Jelly Roll representan un reto distinto: debutó luchando junto a Randy Orton contra Logan Paul y Drew McIntyre en SummerSlam 2025, pero WWE tuvo que construir el combate alrededor de sus limitaciones.

Ahí está el verdadero equilibrio.

Las celebridades pueden llevar WWE ante millones de personas que normalmente no consumirían wrestling. El riesgo comienza cuando el espectáculo sacrifica calidad para conseguir ese alcance.