Una auténtica batalla de velocidad, resistencia y estrategia se vivió en el Campeonato Mundial de Ciclismo de Pista en Shanghái, China, donde 23 ciclistas disputaron 100 vueltas, equivalentes a 25 kilómetros, a un impresionante promedio de 50.364 km/h.

La irlandesa Lara Gillespie conquistó el arcoíris con 42 puntos, seguida de la danesa Amalie Dideriksen con 37 y la belga Shari Bossuyt con 35 unidades.

La competencia fue frenética desde el inicio, con ataques constantes y una intensa lucha por ganar vueltas al pelotón, acción que otorga 20 puntos adicionales y que terminó siendo determinante para definir el podio.

Yareli Acevedo Mendoza, campeona mundial en Santiago de Chile, defendió con pundonor su título. Aunque no consiguió ganar una vuelta, nunca dejó de luchar y reservó fuerzas para imponerse en el último sprint, de puntuación doble.

Sin embargo, su esfuerzo no alcanzó para recuperar la diferencia frente a las tres medallistas.

A más de 50 km/h, cada ataque representó un enorme desgaste físico y cada decisión táctica pudo marcar la diferencia entre la victoria y la derrota.

Yareli perdió el arcoíris, pero no su espíritu de campeona. Peleó hasta el último metro, demostrando que en el ciclismo la grandeza no solamente se mide por las victorias, sino también por el carácter y el pundonor con que se defienden.

Lara Gillespie conquista el arcoíris a más de 50 km/h; Yareli Acevedo lo defendió hasta el último sprint