El beisbol tiene memoria, aunque sus campeonatos no se ganen con recuerdos. Hace un año, los Dodgers de Los Ángeles barrieron en cuatro encuentros a Milwaukee para conquistar el banderín de la Liga Nacional y continuar su camino hacia el segundo título mundial consecutivo. Ahora los Cerveceros están a solamente una victoria de devolverles exactamente la misma afrenta, después de imponerse este miércoles por 6-2 en Dodger Stadium y colocar la Serie de Campeonato 3-0 a su favor. El equipo que llegó a octubre buscando construir una dinastía mediante un tercer campeonato consecutivo se encuentra al borde de una eliminación que podría resultar tan contundente como inesperada.
La situación contiene una ironía particularmente cruel para los angelinos. Milwaukee fue el mejor equipo de las Grandes Ligas durante la temporada regular, con 103 victorias, pero buena parte de las expectativas seguían concentrándose en la extraordinaria nómina de los Dodgers, sus figuras internacionales y su experiencia de campeonato. Tres encuentros después, los Cerveceros han demostrado que sus resultados no fueron producto de una casualidad y que el talento individual, por espectacular que resulte, no sustituye la capacidad colectiva para ejecutar las jugadas decisivas.
Los números describen la gravedad del escenario. Milwaukee ha ganado los tres encuentros disputados, primero por 2-1, después por 7-4 y ahora por 6-2. Los Cerveceros acumulan quince carreras contra siete de Los Ángeles, pero la diferencia más importante no aparece exclusivamente en la pizarra: un equipo ha encontrado respuestas cuando los partidos se complican y el otro sigue esperando que sus principales figuras consigan imponer condiciones.
Para los Dodgers, la matemática resulta despiadada. Necesitan ganar cuatro encuentros consecutivos frente a un adversario al que todavía no han conseguido derrotar en esta eliminatoria. Milwaukee solamente requiere una victoria para conquistar su primer banderín desde 1982.
Y existe un antecedente que demuestra hasta qué punto resulta extraordinaria semejante remontada. En la historia de las Grandes Ligas, solamente los Medias Rojas de Boston de 2004 consiguieron recuperarse de una desventaja de tres encuentros a cero en una serie a ganar cuatro, precisamente frente a los Yankees de Nueva York, antes de conquistar el campeonato de la Liga Americana y posteriormente la Serie Mundial. Aquel equipo de Boston tuvo entre sus protagonistas a Dave Roberts, entonces pelotero y hoy manejador de los Dodgers. Su histórico robo de segunda base en el cuarto encuentro contribuyó a iniciar una remontada que parecía imposible. Veintidós años después, Roberts se encuentra nuevamente frente a una desventaja de 0-3, pero ahora desde el dugout y con la responsabilidad de impedir que su equipo termine barrido.
El tercer encuentro comenzó con una demostración espectacular de Jackson Chourio, el joven venezolano que continúa consolidándose como una de las grandes figuras emergentes de las Mayores. El primer lanzamiento de Blake Snell, una recta de 97.6 millas por hora, fue castigado por Chourio con un cuadrangular hacia el jardín derecho-central, colocando inmediatamente adelante a Milwaukee. El batazo tuvo una dimensión histórica singular. Exactamente un año antes, el mismo Chourio había abierto el segundo encuentro de la Serie de Campeonato de 2025 conectando otro cuadrangular al primer lanzamiento frente a los Dodgers. Repetir semejante actuación, contra el mismo adversario y en la misma instancia, constituye una coincidencia extraordinaria y confirma su capacidad para responder en escenarios de máxima exigencia.
Chourio apenas tiene 22 años, pero ya se comporta como un pelotero de enorme madurez competitiva. Combina poder, velocidad, capacidad para producir carreras y una agresividad ofensiva que permite modificar el desarrollo de un encuentro desde el primer turno. Su cuadrangular del miércoles representó además un golpe psicológico inmediato. Los Dodgers necesitaban comenzar con autoridad, transmitir confianza a su afición y demostrar que estaban preparados para recuperar terreno. Milwaukee, en cambio, necesitó un solo lanzamiento para recordarles que la presión seguía completamente de su lado.
Blake Snell, sin embargo, consiguió sobreponerse a aquel comienzo adverso. El zurdo angelino trabajó con determinación y mantuvo a Milwaukee relativamente controlado durante buena parte del encuentro. Su capacidad para conseguir ponches y evitar ataques prolongados permitió que los Dodgers permanecieran en condiciones de competir, aun cuando el cuadrangular inicial había colocado a los Cerveceros en ventaja. Los Ángeles finalmente consiguió reaccionar y tomó ventaja de 2-1, alimentando momentáneamente las esperanzas de quienes confiaban en que la localía permitiría comenzar la remontada.
Pero Milwaukee volvió a demostrar que su principal fortaleza consiste en no depender de un solo camino para producir carreras. Los Cerveceros encontraron nuevamente respuestas ofensivas, recuperaron la ventaja mediante otro batazo de largo alcance y posteriormente ampliaron la diferencia hasta colocar el marcador 5-2 cuando el encuentro entraba en sus últimas entradas. El desgaste de Snell y la necesidad de administrar el relevo colocaron nuevamente a Dave Roberts frente a decisiones delicadas. El abridor había hecho lo necesario para mantener a su equipo competitivo, pero en octubre resulta insuficiente lanzar razonablemente bien cuando la ofensiva no consigue sostener las ventajas.
La diferencia terminó por ampliarse todavía más en la novena entrada, cuando apareció un protagonista de especial interés para los aficionados mexicanos. Joey Ortiz, infielder estadounidense de ascendencia mexicana, conectó un imparable productor que llevó al plato la sexta carrera de Milwaukee y colocó el encuentro 6-2. El batazo tuvo una importancia adicional porque ocurrió precisamente cuando los Dodgers estaban por consumir sus últimas oportunidades ofensivas. Ortiz no solamente contribuyó a ampliar una ventaja; ayudó a colocar definitivamente contra las cuerdas al equipo que pretende defender su corona mundial.
El pelotero de raíces mexicanas ha encontrado en Milwaukee un espacio para desarrollar sus cualidades defensivas y contribuir ofensivamente dentro de un conjunto que no necesita que todos sus integrantes sean grandes jonroneros para resultar competitivo. Y no es el único representante de ascendencia mexicana que merece atención dentro de los Cerveceros. JoJo Romero, relevista zurdo, se ha convertido en una pieza valiosa del bullpen. En el segundo encuentro contra Los Ángeles trabajó una entrada perfecta, consiguió dos ponches y se acreditó la victoria, participando en una actuación colectiva extraordinaria del relevo de Milwaukee.
Aquella noche, cuatro relevistas retiraron consecutivamente a los últimos quince bateadores angelinos. Cinco entradas sin permitir un solo corredor frente a una alineación integrada por algunas de las figuras más importantes del beisbol mundial representan una demostración de profundidad y efectividad que ayuda a explicar por qué Milwaukee está tan cerca de conquistar el banderín.
Si los Cerveceros consiguen avanzar a la Serie Mundial, Ortiz y Romero podrían representar una conexión particularmente interesante para México, país que sigue con creciente atención la trayectoria de peloteros nacidos en nuestro territorio y de aquellos que, teniendo raíces mexicanas, compiten en el máximo nivel profesional.
Pero el mérito de Milwaukee no puede concentrarse exclusivamente en sus figuras de ascendencia mexicana ni en el espectacular desarrollo de Chourio. William Contreras ha sido uno de los protagonistas fundamentales de la eliminatoria. El receptor venezolano resultó determinante durante el segundo encuentro, cuando conectó tres imparables, produjo tres carreras y disparó un cuadrangular que permitió empatar el partido antes de aportar el sencillo que colocó definitivamente adelante a su equipo. Brice Turang fue fundamental en el triunfo inaugural mediante un cuadrangular que igualó el marcador, mientras el novato Luis Lara consiguió producir la carrera decisiva.
Christian Yelich aportó dos carreras impulsadas en el segundo compromiso, demostrando que su experiencia continúa siendo importante para una ofensiva que también encuentra recursos en jugadores como Jake Bauers, Garrett Mitchell, Sal Frelick y Cooper Pratt. La profundidad constituye una de las características que distinguen al equipo dirigido por Pat Murphy. Milwaukee no necesita que Chourio conecte cuadrangular diariamente ni que Contreras produzca tres carreras en cada encuentro. Tiene peloteros capaces de embasarse, correr agresivamente, ejecutar jugadas de avance, desgastar lanzadores y aprovechar oportunidades.
El pitcheo representa otra de sus fortalezas. Jacob Misiorowski, considerado uno de los brazos jóvenes más prometedores de las Grandes Ligas, cumplió en el encuentro inaugural al permitir solamente una carrera durante cuatro entradas y un tercio. Logan Henderson tuvo mayores dificultades en el segundo compromiso, pero el relevo consiguió neutralizar completamente a la ofensiva angelina durante las cinco entradas finales. En el tercero, Robert Gasser asumió una responsabilidad considerable al abrir como visitante frente a una alineación que, pese a sus dificultades recientes, conserva un poder ofensivo extraordinario.
A su alrededor, Milwaukee dispone de brazos como Aaron Ashby, Abner Uribe, DL Hall, JoJo Romero y Trevor Megill, capaces de intervenir en distintas situaciones y permitir que Murphy administre los encuentros sin depender exclusivamente de un cerrador. Esa estructura ayuda a comprender por qué los Cerveceros han sido capaces de ganar partidos cerrados y también aquellos en los que necesitan remontar o ampliar ventajas durante las últimas entradas.
Del otro lado, la situación de los Dodgers resulta cada vez más preocupante. Shohei Ohtani representa el caso más visible. El japonés llegó a la postemporada como una de las figuras llamadas a definir el destino del equipo, pero sus dificultades ofensivas terminaron obligando a Roberts a modificar considerablemente su alineación. Para el encuentro del miércoles, Ohtani fue colocado como sexto bate, algo que no ocurría desde 2020, cuando todavía pertenecía a los Angelinos. Fue además la primera ocasión en que ocupó esa posición desde su llegada a los Dodgers.
La decisión tuvo una dimensión especialmente significativa porque estamos hablando de uno de los peloteros más extraordinarios de las últimas generaciones. Ohtani había conseguido solamente tres imparables en veinte turnos durante los primeros seis encuentros de esta postemporada, todos sencillos, para un promedio de .150. Su rendimiento ofensivo reciente ayuda a explicar las preocupaciones del cuerpo técnico, aunque naturalmente no disminuye su extraordinaria categoría. Sin embargo, la postemporada no se gana mediante reconocimientos a la trayectoria. Los Dodgers necesitan producción inmediata, no la promesa de que sus grandes estrellas eventualmente recuperarán su mejor versión.
Tampoco sería justo atribuir exclusivamente a Ohtani los problemas de Los Ángeles. Mookie Betts, Freddie Freeman, Will Smith, Teoscar Hernández, Kyle Tucker, Max Muncy y los demás integrantes de la ofensiva conforman uno de los conjuntos más poderosos y costosos del beisbol profesional. Pero antes del tercer encuentro, los Dodgers apenas bateaban para .193 durante la postemporada y registraban solamente dos imparables en veintiséis oportunidades con corredores en posición de anotar. Esa deficiencia resulta particularmente grave en enfrentamientos contra un equipo que aprovecha cada oportunidad.
La comparación entre ambas ofensivas demuestra que la diferencia entre talento acumulado y producción efectiva puede ser enorme. Milwaukee ha encontrado batazos decisivos de Turang, Contreras, Chourio y Ortiz. Los Dodgers, en cambio, no han conseguido que sus figuras aparezcan con suficiente frecuencia cuando hay corredores esperando ser impulsados.
También su cuerpo de lanzadores ha ofrecido un rendimiento irregular. Tarik Skubal tuvo una actuación competitiva en el primer encuentro, pero terminó perdiendo. Yoshinobu Yamamoto sufrió una apertura particularmente difícil en el segundo, cuando apenas consiguió trabajar dos entradas y dos tercios. Blake Snell ofreció una resistencia considerable en el tercero, aunque finalmente Milwaukee encontró los recursos necesarios para recuperar la ventaja y ampliar la diferencia.
El contraste es llamativo porque Los Ángeles había construido una rotación que parecía destinada a dominar octubre. Sin embargo, disponer de lanzadores de enorme jerarquía no significa necesariamente que todos responderán simultáneamente en una eliminatoria. Roberts enfrenta ahora una de las pruebas más exigentes de su carrera como manejador. No solamente necesita encontrar al abridor adecuado para el cuarto encuentro. También debe conseguir que sus peloteros recuperen confianza, que la ofensiva responda y que el bullpen sea capaz de proteger cualquier ventaja que pudiera construirse. Y debe hacerlo sin margen de equivocación.
El cuarto encuentro se disputará este jueves nuevamente en Dodger Stadium. Para Milwaukee representa la oportunidad de conquistar el banderín; para Los Ángeles, la obligación de ganar simplemente para conservar el derecho de jugar un partido más. Hay un elemento histórico que vuelve especialmente atractiva la situación de los Cerveceros. Milwaukee solamente ha disputado una Serie Mundial, en 1982, cuando todavía pertenecía a la Liga Americana. Aquella confrontación terminó con derrota frente a los Cardenales de San Luis. Desde entonces, generaciones enteras de aficionados han esperado una nueva oportunidad de disputar el Clásico de Otoño. La organización ha tenido equipos competitivos, figuras importantes y apariciones destacadas en postemporada, pero no ha conseguido regresar a la máxima instancia.
Ahora está a una sola victoria de lograrlo y, además, podría hacerlo eliminando por barrida al mismo rival que terminó con sus aspiraciones en 2025. Pero mientras la Liga Nacional parece encaminarse hacia una definición cercana, la Liga Americana presenta un panorama considerablemente más equilibrado.
Tampa Bay y Cleveland se encuentran empatados a una victoria por equipo, después de que los Rays consiguieron imponerse 3-1 el martes en el segundo encuentro de la Serie de Campeonato. La reacción de Tampa Bay resultó especialmente importante porque los Guardianes habían ganado el partido inaugural por 7-3, prolongando una racha de cuatro victorias consecutivas que comenzó con su extraordinaria remontada frente a los Medias Blancas de Chicago.
Cleveland había perdido los primeros dos juegos de aquella Serie Divisional y necesitó ganar tres consecutivos para avanzar. Después consiguió imponerse como visitante en el primer encuentro contra Tampa Bay, confirmando una capacidad de resistencia poco común. Pero los Rays respondieron con una combinación de pitcheo dominante, agresividad en las bases y aprovechamiento de errores defensivos.
El protagonista principal fue Freddy Peralta. El lanzador dominicano trabajó seis entradas sin permitir carreras, aceptó solamente cuatro imparables, concedió dos bases por bolas y consiguió seis ponches. Su actuación fue todavía más impresionante cuando se revisa la velocidad de sus lanzamientos. Peralta alcanzó las 99.4 millas por hora con su recta, la mayor velocidad registrada en su trayectoria profesional, y utilizó ese lanzamiento en 71 de sus 99 pitcheos. Además, consiguió lanzar 29 rectas que alcanzaron o superaron las 97 millas por hora, una demostración extraordinaria de poder y confianza en un encuentro que Tampa Bay necesitaba ganar para evitar viajar a Cleveland con una desventaja de dos partidos.
Su desempeño también refleja una historia interesante de recuperación individual. Después de una etapa complicada con los Mets de Nueva York, Peralta llegó a Tampa Bay durante la temporada y consiguió mejorar considerablemente su rendimiento. Su efectividad de 3.25 en diez aperturas con los Rays y su designación como lanzador del mes de septiembre en la Liga Americana confirmaron que había recuperado buena parte de su mejor versión. En el segundo encuentro de la Serie de Campeonato ofreció precisamente la actuación que su equipo necesitaba.
Del otro lado, Parker Messick tampoco realizó un mal trabajo, aunque terminó cargando con una derrota que tuvo mucho más que ver con las deficiencias defensivas de Cleveland que con su propio pitcheo. El novato zurdo trabajó cinco entradas, permitió seis imparables y tres carreras, todas sucias. La cuarta entrada terminó convirtiéndose en el episodio decisivo.
Junior Caminero inició con base por bolas. Posteriormente, una revisión de video permitió que Victor Mesa Jr. permaneciera en las bases después de que una jugada inicialmente marcada como doble matanza fue modificada. Chandler Simpson consiguió embasarse mediante un rodado difícil y la agresividad de los corredores de Tampa Bay comenzó a presionar a la defensiva de Cleveland. José Ramírez, una de las mayores figuras de los Guardianes, no cubrió oportunamente la tercera base durante el avance de Mesa. Después, un rodado de Ben Williamson terminó escapándose entre sus piernas, permitiendo que anotara la primera carrera.
La jugada mantuvo viva la entrada y abrió la oportunidad para que Liam Hicks conectara un sencillo productor de dos anotaciones. En cuestión de minutos, un partido que permanecía sin carreras se convirtió en una ventaja de 3-0 para Tampa Bay. Lo notable es que las tres anotaciones fueron sucias para Messick. En una Serie de Campeonato, semejantes errores suelen resultar determinantes.
José Ramírez había sido uno de los grandes protagonistas de la recuperación de Cleveland frente a Chicago. Su cuadrangular de dos carreras en el quinto encuentro de aquella eliminatoria contribuyó decisivamente a completar la remontada. También había destacado ofensivamente en la victoria inaugural contra Tampa Bay. Sin embargo, el martes apareció en una faceta completamente distinta, cometiendo una equivocación que terminó por modificar el destino del encuentro. Es una demostración de la naturaleza implacable del beisbol de octubre. Un pelotero puede convertirse en héroe durante una jornada y cometer al día siguiente una equivocación decisiva, sin que eso disminuya necesariamente su extraordinaria categoría.
Cleveland consiguió descontar en la séptima entrada mediante un doblete productor del novato Chase DeLauter, quien continúa confirmando su capacidad para contribuir ofensivamente en momentos importantes. Los Guardianes amenazaron con una reacción mayor, pero Ian Seymour consiguió dominar a Jo Adell mediante un ponche, dejando corredores en segunda y tercera. Posteriormente, Seymour retiró sin dificultades la octava entrada y Bryan Baker se encargó de conseguir los últimos tres outs, acreditándose su cuarto salvamento de la postemporada.
La victoria permitió que Tampa Bay recuperara el equilibrio de la eliminatoria y evitara llegar a Cleveland con una desventaja considerable. El resultado también modificó la perspectiva sobre ambos equipos. Los Rays terminaron la temporada regular con 98 triunfos y eliminaron por barrida a los Yankees de Nueva York durante la Serie Divisional. Su calidad estaba fuera de discusión, pero la derrota inaugural había despertado interrogantes sobre la conveniencia del descanso prolongado y la capacidad para responder ante un conjunto que llegaba especialmente inspirado.
Freddy Peralta demostró que Tampa Bay cuenta con lanzadores capaces de dominar una alineación importante, mientras Liam Hicks y sus compañeros confirmaron que la ofensiva puede aprovechar oportunidades sin necesidad de conectar cuadrangulares. En Cleveland, el desafío consiste en recuperar la concentración defensiva y aprovechar que los siguientes encuentros se disputarán frente a su público.
Stephen Vogt ha conseguido que los Guardianes desarrollen una mentalidad competitiva extraordinaria. Su equipo fue capaz de remontar una desventaja de dos encuentros frente a Chicago y posteriormente consiguió ganar como visitante el primer partido contra Tampa Bay. Pero ahora necesita demostrar que también puede superar una derrota provocada por errores propios.
Además de José Ramírez, Cleveland cuenta con elementos ofensivos interesantes como Chase DeLauter, Nathaniel Lowe, Steven Kwan, Patrick Bailey y Jo Adell, quienes han contribuido en diferentes momentos de la postemporada. Tampa Bay dispone de Junior Caminero, Yandy Díaz, Cedric Mullins y Jonathan Aranda, además de un cuerpo de lanzadores que puede resultar determinante en una serie prolongada.
Aranda merece una consideración especial para los aficionados mexicanos. El primera base nacido en Tijuana se ha consolidado como un pelotero importante dentro de la organización de Tampa Bay, gracias a su capacidad para embasarse, conectar con autoridad y enfrentar distintos tipos de lanzadores. Aunque el martes terminó sin imparable en tres turnos, su presencia en una Serie de Campeonato constituye una demostración del nivel que ha conseguido alcanzar y de las posibilidades de que un mexicano participe nuevamente en el Clásico de Otoño. Su aportación puede resultar especialmente importante si Tampa Bay consigue mantener la confrontación equilibrada y necesita producción ofensiva de diferentes integrantes de la alineación.
La presencia de Aranda en los Rays, junto con la de Joey Ortiz y JoJo Romero en Milwaukee, representa un ingrediente adicional para quienes seguimos con atención a los peloteros mexicanos y de ascendencia mexicana en las Grandes Ligas.
Hay también diferencias importantes entre los cuatro manejadores que todavía aspiran a conquistar la Serie Mundial. Pat Murphy ha conseguido que Milwaukee funcione mediante disciplina, profundidad y responsabilidad colectiva. Sus Cerveceros no dependen de una sola estrella y han demostrado capacidad para ganar encuentros de características muy distintas. Kevin Cash mantiene en Tampa Bay una estructura que aprovecha el pitcheo, la velocidad y la ejecución. La victoria del martes fue un ejemplo de cómo un conjunto puede producir tres carreras decisivas sin necesidad de grandes batazos.
Stephen Vogt ha transmitido a Cleveland una formidable capacidad de recuperación y confianza para competir bajo presión. Dave Roberts, en cambio, enfrenta la necesidad de recuperar a un equipo extraordinariamente talentoso que está quedando muy por debajo de las expectativas.
El contraste permite establecer un balance particularmente interesante cuando solamente quedan cuatro aspirantes. Milwaukee está cumpliendo con las expectativas que generaron sus 103 victorias y, además, está consiguiendo una revancha deportiva que parecía muy difícil después de la barrida sufrida en 2025. Cleveland continúa siendo un adversario peligroso por su capacidad para recuperarse de situaciones adversas, aunque necesita eliminar errores defensivos que pueden costarle partidos. Tampa Bay confirmó que su temporada de 98 triunfos no fue una casualidad y que dispone de recursos para disputar seriamente el campeonato de la Liga Americana.
Los Dodgers representan la mayor decepción hasta este momento. No porque carezcan de talento para reaccionar, sino porque sus resultados están muy lejos de corresponder a las expectativas que generaron sus campeonatos recientes y su extraordinaria concentración de figuras.
También existe una diferencia fundamental entre las dos eliminatorias. La Liga Nacional tiene un equipo que ya ganó tres encuentros y solamente necesita uno más. La Americana está empatada y todavía debe resolver una disputa en la que ambos contendientes han demostrado argumentos para aspirar al banderín. Eso significa que Milwaukee podría convertirse muy pronto en el primer clasificado a la Serie Mundial y disponer de varios días para recuperar lanzadores, atender molestias físicas y preparar su estrategia frente al campeón de la Americana.
Pero los Cerveceros tampoco pueden permitir que la ventaja se transforme en exceso de confianza. El beisbol ha demostrado innumerables veces que los partidos no se ganan antes del primer lanzamiento y que una sola victoria puede modificar el estado anímico de una eliminatoria.
Los Dodgers conservan una posibilidad matemática, aunque necesitan conseguir algo que solamente ha ocurrido una vez en la historia de las series a ganar cuatro. No basta con recordar a los Medias Rojas de 2004 ni con destacar que Roberts participó en aquella hazaña. Es necesario encontrar una ofensiva que hasta ahora no ha aparecido oportunamente, recuperar la efectividad del pitcheo y conseguir que las grandes figuras respondan inmediatamente.
Mientras tanto, Milwaukee puede comenzar a imaginar una Serie Mundial que no disputa desde hace 44 años. Jackson Chourio, William Contreras, Brice Turang, Joey Ortiz, JoJo Romero y sus compañeros están a solamente una victoria de conseguir algo que generaciones enteras de aficionados de Milwaukee han esperado durante décadas.
En la Americana, Freddy Peralta y Tampa Bay buscan prolongar la reacción que les permitió empatar la eliminatoria, mientras José Ramírez y Cleveland intentarán recuperar la iniciativa frente a su gente. Son cuatro equipos, pero sus circunstancias actuales son profundamente diferentes.
Milwaukee está a las puertas de la Serie Mundial; los Dodgers enfrentan una emergencia deportiva; Cleveland necesita recuperar el impulso de su extraordinaria remontada y Tampa Bay pretende confirmar que su reacción fue el comienzo de una recuperación sostenida.
Hace un año, los Dodgers barrieron a Milwaukee y continuaron hacia su segundo campeonato consecutivo. Hoy, los Cerveceros tienen la oportunidad de devolverles la barrida y sepultar el sueño del tricampeonato. La diferencia es que Milwaukee ya hizo tres cuartas partes del trabajo, mientras Los Ángeles todavía no ha conseguido ganar un solo encuentro.
Porque las grandes dinastías no terminan necesariamente cuando desaparece el talento, sino cuando dejan de llegar las victorias. Y si los Dodgers no encuentran una respuesta inmediata, el equipo construido para reinar durante tres años consecutivos podría terminar su temporada viendo cómo el adversario al que humilló hace doce meses celebra el banderín en su propia casa.
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