La primera etapa del Tour Auvergne-Rhone-Alpes dejó dos historias que merecen ser contadas. Una fue la espectacular victoria del joven francés Alex Baudin; la otra, quizá más importante para el ciclismo mexicano, fue el regreso de Isaac del Toro a la alta competencia después de una ausencia cercana a los dos meses provocada por una lesión.

Baudin, corredor del EF Education-EasyPost, firmó la mejor actuación de su joven carrera profesional al conquistar en solitario la etapa entre Vizille y Saint-Ismier, de 146.2 kilómetros. En una jornada montañosa y disputada bajo altas temperaturas, el francés seleccionó al grupo desde las primeras dificultades del recorrido y tuvo el valor de lanzarse al ataque para mantener una ventaja que llegó a superar el minuto y quince segundos.

Mientras detrás de él equipos de gran poderío como UAE Team Emirates, Visma-Lease a Bike y Decathlon AG2R La Mondiale endurecían el ritmo a 25 kilómetros de la meta, Baudin mantuvo la serenidad suficiente para sostener su aventura hasta la llegada. La recompensa fue enorme: su primera victoria en el WorldTour y la conquista simultánea de los jerseys de líder general, montaña, puntos y mejor joven.

Sin embargo, para México las miradas estaban puestas en Isaac del Toro.

El corredor bajacaliforniano apareció en la salida portando el dorsal número uno, una señal inequívoca de la confianza y el respaldo que recibe dentro de UAE Team Emirates. Después de semanas de incertidumbre por la lesión que interrumpió su programa de competencias y entrenamientos, existía la incógnita sobre cuál sería su nivel real en el regreso.

La respuesta llegó de inmediato.

Del Toro finalizó en la duodécima posición, a solamente 44 segundos del vencedor, en una etapa diseñada para poner a prueba las piernas de los escaladores y corredores de clasificación general. Más allá del resultado, las sensaciones fueron extraordinariamente positivas.

El mexicano no solamente resistió el exigente ritmo impuesto por los equipos favoritos, sino que además mostró iniciativa y fortaleza en los momentos decisivos de la jornada. Su tercer lugar en el Premio de Montaña de Rousset, a pocos kilómetros de la meta, fue una señal clara de que las piernas responden y de que la calidad que lo ha convertido en una de las mayores promesas del ciclismo mundial permanece intacta.

También llamó la atención el respeto que le mostraron corredores de la nueva generación francesa, entre ellos Paul Seixas, considerado uno de los grandes talentos emergentes de Europa. Ese reconocimiento no se obtiene gratuitamente; es consecuencia de los resultados y del prestigio deportivo que Del Toro ha construido durante los últimos años.

Por supuesto, todavía es demasiado pronto para hablar de victorias o de una lucha por la clasificación general. Una sola etapa no define una carrera y mucho menos una temporada. Pero sí permite extraer conclusiones importantes.

La principal es que Isaac del Toro ha regresado en una forma mucho mejor de la que muchos imaginaban. Después de una pausa obligada por lesión, el mexicano mostró solidez, confianza y capacidad para competir de tú a tú con algunos de los mejores corredores del mundo.

Incluso podría argumentarse que este periodo de recuperación terminó beneficiándolo. Llegó fresco física y mentalmente a una parte crucial de la temporada y dejó claro que conserva el nivel que lo convirtió en una de las grandes revelaciones del ciclismo internacional.

Mientras Alex Baudin celebraba una victoria inolvidable en Saint-Ismier, México recibió una noticia igualmente alentadora: Isaac del Toro está de vuelta. Y si esta primera etapa sirve como referencia, el futuro inmediato vuelve a estar lleno de posibilidades.