Tenemos que esperar, y solo cada cuatro años podemos disfrutar de la justa deportiva que une al mundo. En esta ocasión el anfitrión fue la hermosa ciudad de París, que antes de la llegada de los romanos era conocida como Lutecia.

Es maravilloso ver cómo unos Juegos Olímpicos pueden tener a la humanidad pendiente de las diferentes disciplinas. Por supuesto no están exentos de los escándalos dentro de las competencias, pero es parte de esa sal y la pimienta que le da sabor “al caldo”.

Sin duda alguna estos fueron, en varios sentidos, unos juegos diferentes, tanto por la paridad de género que se logró (50% de atletas hombres y 50% de atletas mujeres), como por algo que nunca se había visto: presenciamos mujeres embarazadas compitiendo, y madres lactando que aprovecharon que por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos, contaron no solo con un lactario, sino que incluso se creó una guardería para los hijos de estos deportistas de alto rendimiento.

Por fin el tema de la conciliación materno-paterno laboral se abordó de forma magistral en París 2024. Porque los atletas también desempeñan otros papeles. Sí, sabemos que dedican cuerpo, alma y corazón para ser grandes deportistas de alto rendimiento, pero como todo en esta vida, debe de existir un equilibrio.

Un balance que permita el desarrollo profesional con plenitud, pero sin tener que dejar a un lado la parte personal, ser padre, o madre, o pareja, implican otro tipo de compromiso. Ahora, en esta justa deportiva de verano los atletas no tuvieron ningún impedimento para poderse desarrollar de manera integral, y eso me parece un avance muy importante.

Dicho lo anterior, no me pasa de noche que en la clausura estuvo presente Allyson Felix, la atleta femenina con más condecoraciones de toda la historia del olimpismo moderno. Gracias a su arduo trabajo -y no precisamente en el tartán- logró convencer al Comité Olímpico Internacional (COI) de que las madres que son deportistas de alto rendimiento tuvieran un lugar para dejar a sus hijos y pudieran lactar si estaban en esa etapa.

Esta guardería y sala de lactancia sirvieron a los atletas de los Juegos de París 2024, pero también darán servicio a los Juegos Paraolímpicos que tendrán lugar en la “Ciudad Luz”.

Al respecto Allyson Felix declaró a varios medios de comunicación “Cuidar a los niños es un enorme obstáculo para las atletas que son madres, y quiero que la iniciativa vaya más allá de los Juegos, que se convierta en la norma en las grandes competiciones”.

Es correcto, que no quede solamente este tipo de apoyos en los Juegos Olímpicos y Paraolímpicos, sino que esto sea el inicio de una verdadera conciliación materno-paterno laboral dentro del deporte, porque la verdadera inclusión se da cuando le permites a los deportistas desarrollarse de manera plena en todos los aspectos de su vida.

Así como últimamente se ha puesto especial interés en la salud mental de los atletas, también hay que cuidar la parte familiar de los mismos, sobre todo cuando ya son responsables de otras vidas, y dependen de ellos.

Pero no voy a quedarme callada, lo que no me gustó de los juegos, es que se nota que el mundo tiene dueños, y para ejemplo la polémica que se desató en la gimnasia artística con Simone Biles y Jordan Chiles en las finales individuales por aparato.

Va mí opinión personal, desde mí óptica y después de muchos campeonatos del mundo y Juegos Olímpicos, siento que en esta edición a las norteamericanas las calificaban “muy alto”, y ganaron la pruebas por equipos, colocándose como las mejores del mundo.

Sin embargo, Brasil no fue calificado con la misma vara, sobre todo Rebeca Andrade, que debió de ganar el oro en la prueba individual de salto de caballo. De manera inexplicable, a pesar de dar varios pasos para atrás en ese ejercicio, a Simone Biles la calificaron con 15.700, dejando claro que en su salto a pesar de tener un alto grado de dificultad, tuvo varios errores en su ejecución.

En dicha final el salto de Rebeca fue mucho más limpio y bueno, pero su calificación le otorgó la plata, pero podría haber ganado el oro si no fuera porque Simone Biles era “la favorita” para llevarse todas las preseas.

Y el escándalo terminó de cuajar cuando en la última prueba individual por aparatos, en el piso ganó el oro Rebeca Andrade y otra vez, de una manera inexplicable colocaron a Simone Biles en el podio, a pesar de que se salió no una, sino dos veces del cuadro “mágico”.

Tanto la sobre calificaron que se llevó la plata; pero lo que de verdad “no tuvo abuela”, fue cuando por sumatoria de puntos la rumana Ana Barbosu quedó en tercer lugar, y comienzo a festejar al ver los resultados en la pantalla de la arena olímpica. Entonces la representación de Estados Unidos hizo una reclamación a los jueces, logrando que su gimnasta Jordan Chiles, dejara el quinto lugar ya publicado, y subiera al tercero.

Quien explotó -y con justa razón- fue una leyenda de la gimnasia artística, el primer 10 en la historia de unos Juegos Olímpicos en Montreal 1976; sí, señoras y señores, hablo de la mismísima Nadia Comaneci. Después de varias apelaciones, finalmente se le quito la medalla de bronce a la norteamericana Chiles, y se le entrego a la rumana Ana Barbosu.

Pero aquí no termina el drama, resulta que Sabrina Maneca-Voinea, otra gimnasta rumana, fue castigada por “pisar fuera”, lo cual no es cierto, de hecho la propia Nadia Comaneci expresó en sus redes sociales “No veo el talón tocando down.. ¿y tú? #sabrinavoinea”.

Tanto Barbosu, como Maneca-Voinea obtuvieron 13.700 de calificación, por lo que ambas deberían de tener medalla de bronce, no solamente Ana, a quien ya le regresaron la presea, pero Sabrina se quedó “chiflando en la loma”.

Por supuesto, tanto la madre de Chiles como Sunisa Lee (otra gimnasta estadounidense) han declarado que esto se debe al racismo que existe en la gimnasia; así es, utilizando un argumento tan gastado que ya podemos llamar la vieja confiable.

Pero seamos honestos, Jordan Chiles con todo y ayuda de los jueces obtuvo 13.666, y ni se diga la puntuación de Biles 14.133 a pesar de los dos abandonos del cuadro, mientras que Rebeca Andrade obtuvo 14.166.

Claramente no hubo racismo, lo que sí quedó claro es que había un muy notable favoritismo por las norteamericanas. Por tanto, me sumo a la petición de Nadia Comaneci, y coincido en que Sabrina Maneca-Voinea también merece su medalla de bronce, en aras del “fair play”, y de seguir los principios que estableció el barón Pierre Fredy de Coubertin.

Son los Juegos Olímpicos, y no podemos permitir que su esencia se manosee impunemente. Eso sí, nos vemos en Los Ángeles 2028.