Suena ridículo, pero es real que hoy te salga más barato asistir a ver un partido de la Copa del Mundo a Estados Unidos que en tu propio país. Triste realidad es la que tenemos que vivir muchos aficionados del futbol, que tendremos como única opción para ver los partidos del Mundial por medios electrónicos (televisión o internet) en lugar de poder ir al estadio cuando supuestamente “están en casa”, ya que el costo de un boleto, por ejemplo, para asistir al Estadio Banorte (o Estadio Ciudad de México), te podrá costar en fase de grupos más de 33 mil pesos.
Muchas y muchos podrán señalar que el costo no es —excesivo— en comparación con los precios de los boletos del Super Bowl o la final de la Serie Mundial de beisbol; sin embargo, es importante precisar que eso es una verdad a medias, es decir, no podemos comparar peras con limones ni limones con fresas, puesto que son deportes diferentes. Pero aun así, comparándolos en su mismo deporte, un boleto de la Champions League cuesta aproximadamente entre unos 2 mil a 20 mil pesos, siendo esta la liga de mayor prestigio y nivel en Europa, y aun así los costos son menores a una (enorme) fase de grupos de esta World Cup.
Y no es que esté en contra de la supuesta “revalorización del futbol soccer”, como argumentan las y los defensores de los costos altos del boletaje del Mundial, bajo la lógica de que el balompié, al ser el deporte más popular, merece ser pagado al nivel del espectáculo deportivo que ofrece, siendo que la misma FIFA ha sido una de las causantes por medio de la especulación, reventa y la generación de boletos VIP de último minuto que las entradas se hayan encarecido en demasía, dejando sin oportunidad a miles de mexicanas y mexicanos sin poder ver un partido en su nación.
Pero más allá de eso, ¿en qué momento se convirtió un deporte nacido en los barrios obreros de Inglaterra para disfrute del proletariado en un show exclusivo para los ricos? Y esta reflexión no se trata de que tenga una especie de fobia o aversión por la burguesía; no obstante, considero que este futbol para las élites contradice la propia esencia de lo que es en sí el soccer, donde se reduce el balompié a una mera mercancía de lujo.
Considero que lo que hizo el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, fue correcto y congruente, puesto que presionó a la FIFA para conseguir que se le otorgaran 1,000 boletos para los partidos del Mundial a un costo de 50 dólares (menos de 1,000 pesos), los cuales serán sorteados entre las y los residentes locales, así como criticar la presencia de agentes del ICE en la cercanía de los estadios para cazar inmigrantes ilegales. Eso es lo que un mandatario de izquierda y progresista debería estar haciendo, porque se dice que la diferencia entre la izquierda y la derecha radica principalmente en su posición con respecto a la desigualdad y pobreza; mientras que para unos es natural, para los otros es la motivación de su actuar para ser combatida, no importa que sea en el fútbol. ¡Nos leemos pronto!
















