A estas alturas, no me importa si México juega feo o bonito. El caso es sumar puntos y meter goles. En incontables ocasiones México jugó “bonito” y perdió (Alemania en 1998, Holanda en 2014).
El caso es que se le ganó a la Selección más fuerte de este grupo, qué “en el papel” lucía mucho mejor con jugadores en algunas de las mejores ligas del mundo. Y se ganó con un plantel variopinto conformado por jugadores de ligas de nivel medio en Europa y jugadores de Chivas, incluyendo al autor del gol, Luis Romo.
“Joga Feíto” de Javier Aguirre mata “se jugó cómo nunca y se perdió como siempre” de otras ocasiones. Y se comienza a vislumbrar cómo, poco a poco, se puede ir borrando ese pésimo sabor de boca de Qatar 2022, el peor Mundial de México en los últimos 40 o años.
Ahora sí se está haciendo sentir la condición de local de México. Y con dos partidos más asegurados en el Azteca, en caso de seguir avanzando en la eliminación directa de dieciseisavos de final, se puede aspirar a algo más.
Pésimas noticias para los que le apostaban a un fracaso de los partidos jugados en México combinados con una mala actuación dentro de la cancha. Un fracaso más para la oposición de derecha en México.











