Hay montañas que son puertos… y hay montañas que son jueces. La subida a Jebel Hafeet pertenece a la segunda categoría: no dialoga, no negocia y no concede absoluciones. Sentencia. Y en esta sexta etapa del UAE Tour, el veredicto fue claro: el mejor hombre en carrera fue Isaac del Toro.

El joven mexicano lo dijo sin titubeos tras cruzar meta: esta es una de las tres victorias más importantes de su carrera. Y no es para menos. Ganar en Jebel Hafeet no es solo levantar los brazos; es sobrevivir a cinco días previos de calor abrasador, vientos cruzados y tensión táctica constante. La etapa reina llega cuando las piernas ya no mienten y el carácter se vuelve determinante.

La montaña como tribunal

El guion táctico fue intenso desde lejos. El poderoso UAE Team Emirates endureció la carrera antes del ascenso final, con la intención clara de aislar al líder Antonio Tiberi y obligarlo a llegar sin escolta al pie del juez montañoso. Todos los aspirantes entendieron el mensaje: había que anticiparse o resignarse.

A 6.4 km de meta apareció Remco Evenepoel, tensando el ritmo con ese estilo suyo, clínico y agresivo, como si quisiera dictar sentencia antes del tribunal. Pero la montaña no responde a impulsos, responde a resistencia. Y ahí entró en escena Adam Yates, quien a 5.5 km tomó el control y seleccionó el grupo hasta dejar claro que el juicio final sería entre escaladores puros.

El ataque que definió todo

A 4.2 km ocurrió el momento que transforma una etapa en historia: Del Toro arrancó. No fue un demarraje cualquiera; fue un manifiesto. Zigzagueando, exprimió cada fibra con su argumento más contundente: piernas, corazón y orgullo. En ese instante ya no corría solo por la etapa; corría por demostrar que pertenece a la élite.

Tiberi, visible en su gesto de sufrimiento, resistía como podía. Pero cuando faltaban 2.8 km, el mexicano lanzó el golpe definitivo. El ataque fue seco, decidido, sin mirar atrás. El italiano cedió. La montaña ya había dictado sentencia.

Más que una victoria

Lo que vimos no fue solo un triunfo parcial. Fue una declaración de identidad competitiva. Isaac del Toro no ganó por cálculo; ganó por convicción. Y eso, en el ciclismo moderno dominado por potenciómetros y estrategias milimétricas, tiene un valor especial.

Para México, este resultado no es casualidad: es señal de madurez deportiva. Cuando un corredor nacional vence en un final de alta montaña en una carrera WorldTour, no es sorpresa… es confirmación de que el talento mexicano ya no pide permiso, exige respeto.

La clasificación general tras la etapa reina será la que dicte el balance final de la carrera, pero algo ya quedó decidido: el nombre de Isaac del Toro quedó inscrito en la montaña más implacable del UAE Tour. Y cuando una cima te reconoce, el pelotón también.

Isaac del Toro, orgullo mexicano en el  UAE Tour