La octava etapa de la Vuelta a España llegó a Zaragoza con un desenlace de pura adrenalina. Jasper Philipsen, el mejor velocista del mundo en la actualidad, volvió a demostrar por qué su nombre pesa tanto en los embalajes. El belga del Alpecin-Deceuninck se impuso al italiano Elia Viviani en un final que recordó a las pruebas de medio fondo en el velódromo: media bicicleta, un pestañeo, un suspiro de ventaja que bastó para cruzar primero la línea. En tercer lugar se coló el británico Ethan Vernon, confirmando que la nueva generación de sprinters no está dispuesta a regalar nada.

El trabajo de Alpecin fue quirúrgico: colocar a Philipsen en el sitio exacto a 150 metros de la meta. Pero la resistencia de Viviani dejó claro que los viejos campeones aún tienen algo que decir, aunque esta vez la gloria volvió a quedar del lado del belga. Fue un final de esos que hacen vibrar, donde la diferencia no se mide en segundos sino en centímetros y corazones acelerados.

En cuanto a la clasificación general, todo sigue prácticamente intacto. Torstein Træen mantiene el maillot rojo con 25h 01´50”, seguido por Jonas Vingegaard a 2’33”, y Joao Almeida a 2’41”. En la novena posición, el colombiano Egan Bernal se sostiene a 2’55”, siendo la gran esperanza latinoamericana.

Y aquí es donde empieza lo interesante. Mucha gente quisiera ver a Jonas Vingegaard arrasando desde la primera semana, dejando rivales atrás como hace en el Tour de Francia. Pero el danés no cede a provocaciones ni a la impaciencia. Con frialdad nórdica, pedalea bajo la filosofía de que las grandes vueltas se ganan en las semanas decisivas, no en los arranques espectaculares. Como decía el expresidente AMLO: “no caigan en la provocación”. Vingegaard no lo hace: espera, analiza y afila su golpe para el momento justo.

Del otro lado, Egan Bernal mantiene viva la ilusión de América Latina. Después de todo lo que ha pasado, verlo entre los diez primeros en una grande ya es motivo de orgullo, pero el colombiano parece querer más. Su lugar en la general le da margen para soñar con un top 5 o incluso con un podio, si las montañas se alinean con su recuperación y su valentía.

La primera semana se cerrará con la etapa de Alfaro a la estación de esquí de Valdezcaray: 195,5 kilómetros, 3311 metros de desnivel acumulado y un final en alto que puede empezar a marcar diferencias. Será terreno propicio para una fuga, pero también un campo de ensayo para los favoritos. Tal vez alguno se atreva a lanzar un primer zarpazo, o tal vez todos sigan guardando cartas para la segunda mitad de carrera.

La calma reina en la Vuelta, pero todos sabemos que es la calma antes de la tormenta. Y en esa tormenta, el gran favorito sigue siendo Jonas Vingegaard.