La NFL del fin de semana no fue una colección de marcadores: fue un curso intensivo de realidad. En playoffs hay dos o tres instantes, una decisión, un balón suelto, un pase forzado que te dejan con boleto al juego de campeonato o con la temporada en el olvido.

Denver 33–30 Buffalo (OT): 50 segundos de vida y un balón que decidió todo

Buffalo hizo lo que hacen los equipos que se rehúsan a morir: con el reloj en contra, Josh Allen encontró oxígeno donde no había. La serie final fue puro instinto y ejecución: pase corto a Khalil Shakir, lateral a Ray Davis para mantener viva la posesión, y Matt Prater clavando un gol de campo de 50 yardas para mandar el juego a tiempo extra.

Pero en overtime el futbol americano se reduce a una verdad cruel: cualquier error te pone fuera. Allen buscó profundo y la defensiva de Denver respondió con violencia quirúrgica: Ja’Quan McMillian le arrancó la recepción a Brandin Cooks para la intercepción que volteó el destino del partido.

De ahí, lo de siempre en enero: avanzar lo suficiente, respirar lo mínimo y cerrar con el pie. Wil Lutz, Field Goal de 23 yardas y se acabó.

Seattle 41–6 San Francisco: cuando un partido termina antes de empezar

Hay equipos que entran a playoffs esperando que “el juego se acomode”. Seattle lo acomodó a patadas: Rashid Shaheed regresó la patada inicial 95 yardas para touchdown y en ese momento el estadio dejó de ser escenario y se convirtió en avalancha.

Luego vino la parte más humillante para una defensiva: que te ganen una y otra vez por el mismo lugar y no puedas detenerlo. Kenneth Walker III corrió como si el terreno fuera suyo: 116 yardas y 3 TD, una tarde que no se presume , se graba y se pone en YouTube.

San Francisco apenas sobrevivió con dos goles de campo. El resto fue Seattle administrando el partido con la calma del que sabe que el rival ya no tiene aire.

Patriots 28–16 Texans: el verdadero lujo es que tu defensa anote

En Foxborough, el clima no perdona y la defensiva menos. Para Houston, el primer tiempo fue una pesadilla estadística: C.J. Stroud lanzó 4 intercepciones antes del descanso, incluyendo un pick-six de Marcus Jones.

Del otro lado, New England hizo lo que hacen los equipos que crecieron en enero: no regalar el balón, castigar los errores y convertir cada ventaja en peso muerto sobre el rival. Drake Maye no necesitó espectáculo: necesitó precisión. Tres pases de touchdown y el partido se inclinó con esa matemática que no falla en playoffs: si el rival te regala puntos, tú no los devuelves.

Con Houston limitado de armas, remar contra esa marea fue imposible.

Rams 20–17 Bears (OT): el milagro empató… la decisión perdió

Este fue el juego que te enamora y luego te rompe. Chicago estaba a punto de irse y Caleb Williams sacó la jugada de película: en 4º down, escapó la presión y lanzó el pase desesperado para TD de Cole Kmet. Empate. Locura. Overtime.

Pero en playoffs el milagro solo compra tiempo; no compra inmunidad. Ya en tiempo extra, Chicago convirtió un 4º y 1, olió la victoria y después vino el error que mata temporadas: pase profundo forzado, intercepción de Kamren Curl buscando a DJ Moore.

Stafford hizo lo que los veteranos hacen cuando el partido tiembla: mover cadenas, encontrar a Puka Nacua para meterse a rango, y dejarle el cierre al pie: Harrison Mevis, Field Goal de 42.

Resumen de los divisionales

Denver cobró el balón en el aire. Seattle cobró desde la patada inicial. Patriots cobró cada regalo. Rams cobró el pase que no debía lanzarse.

Mis pronósticos fallaron y me quede 50-50. Había dicho con mis amigos pasaban Denver, Seattle, Texans y Bears. Ahora creo que llegan los Broncos y los Seahawks al Super Bowl. A ver qué tal me va.

Y ahora viene lo que muchos querían: Patriots en Denver y Rams en Seattle, el domingo 25 de enero (2:00 pm y 5:30 pm hora del centro de México).

Porque si algo quedó claro este fin de semana es que, en enero, no se sobrevive con “sensaciones”: se sobrevive con momentos ganados.