La Vuelta a España volvió a demostrar que es la gran carrera de las sorpresas. En Pal, Andorra, el australiano Jay Vine se llevó el triunfo tras una fuga consentida por el pelotón, y lo que parecía un día de control terminó por convertirse en un auténtico reacomodo en la general. El noruego Torstein Træen asumió el liderato, arrebatando el jersey rojo a Jonas Vingegaard, quien sigue siendo el gran favorito, aunque con una estrategia demasiado conservadora.

El Visma Lease a Bike apostó por vigilar únicamente a los hombres del UAE, dejando margen excesivo a la escapada. Se podría interpretar como un “riesgo calculado”: permitir que la responsabilidad del liderato recaiga en un equipo menor mientras ellos guardan fuerzas para lo que viene. Sin embargo, ese mismo cálculo puede convertirse en un descuido, porque en La Vuelta nunca hay victorias baratas y cualquier ventaja inesperada puede hacerse grande si no se corrige a tiempo.

Quien salió peor parado fue Juan Ayuso. El joven español, que llegaba como una de las promesas de esta edición, sufrió un desfallecimiento mayúsculo que lo dejó a más de siete minutos del danés Vingegaard. Con esa diferencia, su papel cambia drásticamente: de jefe de filas a gregario de João Almeida, el único del UAE que estuvo al nivel del campeón del Tour y que, sin perder un segundo, mantiene vivas sus opciones. Es un golpe duro para Ayuso, pero también una oportunidad para demostrar madurez en el trabajo de equipo.

La general todavía está lejos de definirse, pero lo cierto es que La Vuelta ya cambió de guion. Vine sonríe con una victoria de prestigio, Træen carga con la presión inesperada de portar la roja, Almeida se perfila como un contendiente más sólido de lo que parecía y Vingegaard, aunque sigue siendo el máximo aspirante, deberá demostrar que ceder la camiseta no es un síntoma de debilidad, sino una jugada estratégica.

Mañana espera una jornada aún más brutal: 188 kilómetros, más de 4,200 metros de desnivel y llegada en alto en Huesca La Magia. Allí veremos si el liderato del noruego resiste la dureza y la presión, o si el danés recupera el control. Lo que sí es seguro es que La Vuelta, una vez más, nos recuerda que nada está escrito.