Sin duda, es buena la designación de la árbitra mexicana Katia Itzel García para el Mundial, mujer brillante en todos los ámbitos, pero dejando fuera de esa oportunidad a un árbitro mexicano de élite mundial, cualquiera que sea su nombre, genera cuestionamientos.

No juzgo el ideal de que una dama arbitre un partido de fútbol varonil, juego de contacto, en donde los disparates y malas palabras son parte de ese deporte, donde también, y eso no está a discusión, el intentar equiparar a una mujer (así sea, en sus casos, con la ayuda de terapias hormonales) es inequitativo y peligroso ante eventuales lesiones, dado las diferencias biológicas inherentes a cada género.

Ayer domingo, Katia Itzel cometió un obsceno error, además bajo la sospecha de una suerte de conflicto de interés, dado sus fuertes lazos con la Universidad Nacional y también con su club, los Pumas. Le quitó, pues, lo que suponía un gol casi seguro al sufrido Mazatlán, y en su trayectoria (gris) es recordada más por sus gritos a futbolistas en un partido en Puebla, que le trataban de reclamar por una jugada dudosa (un penal revisado en el VAR), que por actuaciones brillantes.

Y al ocupar una de las dos plazas de juez central para la próxima Copa del Mundo, no podemos dejar de dudar si su llamado a la justa mundialista es porque realmente es mejor que sus colegas varones o si su inclusión se debe a una cuota del wokismo internacional.

Francamente, no entiendo por qué deben pitar mujeres en partidos de hombres, si tienen su torneo de liga paralelo, incluidos los partidos de límite de edad, sus torneos de selecciones, obviamente mundial incluido, también todos los demás torneos, igual, los de límite de edad incluidos. En México y en cada día más países, gozan de lo mejor en infraestructura, seguridad, difusión y cada día, al sumarse importantes patrocinadores, las chicas van percibiendo mejores sueldos. Y por último, insisto en los riesgos: un futbolista enfurecido puede perder los estribos y faltarle al respeto o algo aún más serio.

Recuerdo en 2004 haber estado (casualmente) en Irapuato el domingo aquel en el que la primera mujer en México fue juez central; era un partido contra el América, y en un momento dado Cuauhtémoc Blanco, en el marco de un reclamo, le espetó que “se fuera a trapear a su casa”. La señora de nombre Virginia Tovar lo tomó a broma y algo le respondió y nada absolutamente sucedió, pero los tiempos cambian, y lo hacen rápido, y hoy la famosa “generación de cristal” armaría un escándalo de proporciones mayúsculas. Pero lo cierto es que pasaron casi dos décadas para que una juez central pitara de nuevo un partido en la primera división mexicana, siendo esta la propia Katia Itzel; por algo sería esa larga espera.