Ayer en la entrega del premio nacional de deportes la presentadora confundió el deporte de Isaac del Toro, el joven prodigio del ciclismo mexicano. Un error menor, sí, pero revelador. Más aún porque Isaac ni siquiera se inmutó. Ni gesto ni molestia ni corrección. Solo una sonrisa tranquila, la misma con la que ha enfrentado curvas, caídas, presiones mediáticas y expectativas nacionales.

Y es que el recién reconocido por la presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado que, además de talento, posee una cualidad que no se entrena en la carretera: temple.

Apenas suma dos temporadas en el WorldTour y ya es la sensación del pelotón internacional. No por estridencia, sino por resultados y por una madurez difícil de encontrar en atletas de su edad. Mientras otros se detienen en distracciones mediáticas, Isaac se mantiene en una sola frecuencia: sencillo, centrado y disfrutando cada etapa de su vida deportiva.

Quienes lo siguen de cerca lo vieron estos días más relajado, acompañado como siempre por su novia, Romina Hinojosa, pieza clave en su estabilidad emocional.

En un entorno tan demandante como el ciclismo profesional donde la presión del calendario, las cargas de entrenamiento y la soledad de las concentraciones pueden agotar a cualquiera, contar con un soporte así no es detalle menor. Ese estilo de vida que a muchos desquiciaría, Isaac lo transita con naturalidad y disciplina.

Porque su día a día no es tan idílico como la gente piensa. Entrena horas bajo sol, lluvia o frío extremo. En sus tiempos libres analiza videos de competencias, estudia rivales, identifica estilos de ataque y patrones de carrera. Todo para llegar mejor preparado al siguiente reto.

Lo dice con humor en entrevistas: “El muñeco se duerme temprano” a las 8 ya está dormido. Y no es una frase ligera; revela la estructura férrea de alguien que sabe que el talento no basta y que la recuperación es tan importante como el entrenamiento.

Aunque disfruta el ciclismo, Isaac sabe que también es su trabajo. Vive de él y lo honra con profesionalismo: metódico, constante, entregado a lo que de niño fue un juego y hoy sostiene su futuro. Entiende, además, el lugar que ocupa: se ha convertido en una inspiración para miles de jóvenes que ven en él una prueba de que México puede competir y ganar al más alto nivel.

Por eso el error de la presentadora no lo movió ni medio milímetro. No porque no importe, sino porque Isaac está en otra sintonía. Mientras algunos tropiezan en las formas, él avanza en el fondo. Mientras otros se preocupan por el espectáculo, él se enfoca en el trabajo, Isaac del Toro construye, paso a paso, la carrera deportiva más prometedora que México ha tenido en décadas.

Al final, su reacción o más bien, su no reacción dice más que cualquier medalla: la verdadera grandeza no necesita corregir; simplemente sigue pedaleando.

Isaac del Toro y Romina Hinojosa en mostrando el reconocimiento que recibió de la presidenta.