El ciclismo mexicano vive uno de esos momentos que quedan grabados para siempre. La victoria de Isaac del Toro en la primera etapa del UAE Tour no solo representa un triunfo deportivo: es una declaración de carácter, valentía y talento frente a la élite mundial.

En un recorrido de 144 kilómetros entre Madinat Zayed Majlis y Liwa Palace, más de 150 ciclistas buscaron la gloria bajo un entorno implacable. El viento levantaba arena que se colaba en la carretera y provocaba caídas en rotondas traicioneras. Era una etapa diseñada para velocistas, pero también para sobrevivientes. Y el mexicano no solo sobrevivió: dominó.

Con el pelotón lanzado a casi 50 km/h, Del Toro leyó la carrera como un veterano. Esperó. Observó. Midió. Y cuando la meta se acercó a 400 metros, atacó con una precisión quirúrgica. Fue un movimiento táctico impecable, decidido, de esos que nacen de la convicción profunda de quien sabe que ese instante es irrepetible. Nadie pudo responder.

“Pensé que tenía una oportunidad de ganar, no lo puedo creer, es una locura”, dijo todavía jadeando, con arena en el rostro y el sudor mezclado con incredulidad.

Ese asombro sincero es parte de su grandeza: corre con hambre, pero también con humildad. Y esa combinación es la que enamora a los aficionados.

Lo que viene mañana: el reto contra el reloj

La segunda etapa será una contrarreloj individual de 12 kilómetros dentro de la isla Al Hudayriyat, un circuito plano y rapidísimo, con pocas curvas y dos giros en U donde el control aerodinámico será determinante. Ahí aparece el gran favorito: el campeón mundial de la especialidad, Remco Evenepoel.

Su presencia añade tensión y espectáculo. Pero después de lo visto en la primera jornada, algo es seguro: nadie volverá a subestimar al mexicano.

Hay atletas que ganan etapas. Y hay atletas que cambian percepciones.

Hoy, Isaac del Toro hizo ambas cosas.