Después de más de 196 kilómetros, el Campeonato Europeo terminó definiéndose por un par de milímetros.

Remco Evenepoel y Giulio Ciccone llegaron prácticamente juntos a la meta y el ojo humano, las cámaras de televisión y los videos de aficionados fueron incapaces de establecer una diferencia clara. El fotofinish otorgó la victoria al belga.

Ciccone manifestó su inconformidad y solicitó conocer con precisión la imagen utilizada por los comisarios. Una petición válida cuando un campeonato se decide por una diferencia tan pequeña.

Pero hay que entender cómo funciona el sistema.

El fotofinish no es una fotografía convencional. La cámara está alineada exactamente con el plano de meta y registra miles de líneas de imagen por segundo mientras los corredores atraviesan ese punto. Después construye una imagen en función del tiempo. Por eso bicicletas y ruedas pueden aparecer deformadas: no estamos viendo una fotografía tradicional, sino el tiempo convertido en imagen.

En ciclismo, la referencia para determinar al ganador es la parte delantera de la rueda delantera al alcanzar el plano vertical de la línea de llegada. Una cámara de televisión ubicada ligeramente antes o después puede generar una percepción equivocada por el ángulo y la perspectiva.

El fotofinish es, por ello, una herramienta extremadamente precisa cuando está correctamente instalado, alineado y calibrado. Sin embargo, no sustituye a los comisarios: aporta la evidencia tecnológica para que ellos emitan el resultado oficial.

Ciccone tiene derecho a pedir transparencia y comprobar la correcta alineación del sistema. Pero una imagen de televisión no puede utilizarse como referencia técnica para desmentir un fotofinish.

Al final, resulta increíble: más de 196 kilómetros de carrera para que un Campeonato de Europa termine decidiéndose por unos par de milímetros de llanta.

Para eso existe el fotofinish.