Hay días en el ciclismo que se miden en segundos.

Y hay días que se miden en orgullo.

En la quinta etapa de la Tirreno-Adriático, disputada entre Marotta-Mondolfo y Mombaroccio sobre 184 kilómetros, el danés Michael Valgren se llevó la victoria de etapa, pero quien volvió a robarse la historia fue el mexicano Isaac del Toro, que cruzó segundo para arrebatar nuevamente la Maglia Azzurra, el podio del día lo completó el estadounidense Matteo Jorgenson.

La jornada recorrió una región famosa por sus playas y su tradición marinera. Mondolfo, con su origen medieval y levantado sobre una colina, fue testigo de una etapa sinuosa, de esas que parecen tranquilas en el mapa pero que en la carretera van desgastando piernas y voluntades.

Esta vez la lluvia dio tregua.

Pero el terreno rompepiernas se encargó de hacer la selección.

Kilómetro a kilómetro el pelotón multicolor fue perdiendo unidades hasta que, a 38 kilómetros de la meta, el UAE Team Emirates tomó el control total de la carrera. La estrategia fue clara: imponer un ritmo feroz para desgastar a los rivales, especialmente al italiano Giulio Pelizzari.

Y les funcionó.

Porque el ciclismo por etapas tiene algo único: si un día pierdes terreno, al siguiente puedes recuperar la historia.

Del Toro lo entendió perfecto. Corrió con inteligencia, con fuerza… y con ese carácter que distingue a los grandes corredores de vueltas por etapas.

Pero esta vez, la emoción no solo estaba en la carretera italiana.

Estaba también en mi casa.

Mi nieto Andrés, de apenas cinco años, me miró convencido y dijo:

—El Torito va a ganar, opa… porque tiene la bandera de México en el pecho. Y nosotros también somos mexicanos.

Y de pronto empezó a cantar con toda la emoción que cabe en un niño:

“¡México! ¡Ra ra ra!... ¡México! ¡Ra ra ra!”

En ese momento entendí algo.

Que más allá de los watts, de las estrategias o de los segundos en la clasificación… el ciclismo también construye sueños.

Hoy Isaac del Toro volvió a vestirse de azul en Italia.

Pero en realidad, lo que hizo fue pintar de verde, blanco y rojo la ilusión de muchos mexicanos.

Y entre ellos, la de un niño que ya cree que los mexicanos también pueden conquistar el mundo… pedaleando.